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Miércoles, 27 de Octubre de 2021
El desarrollo del capitalismo en Chile (10° parte y final)

Los capitalistas ingleses crean el monopolio en las pampas salitreras de Antofagasta e Iquique

Marcelo Segall

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Oficina salitrera en Antofagasta.
Oficina salitrera en Antofagasta.

Entregamos hoy la décima y última parte de la serie de artículos sobre la historia económica de nuestro país en el siglo XIX. El autor, investigador, comunista pero integrante de las filas del trotskismo; publicó este libro en 1958 a través de la Editorial del Pacífico. La obra se transformó en un clásico sobre el tema.

A partir de 1879, el elemento económico fundamental de Chile era el salitre. Gran parte de la prosperidad durante casi medio siglo proviene del nitrato. El presupuesto nacional tuvo sus mayores entradas en los derechos de exportación del salitre. Gran parte de la población trabajaba en, o para, la producción salitrera. Y aún antes de la conquista de Tarapacá y Antofagasta; los propietarios de las "oficinas" y sus habilitadores eran industriales o comerciantes residentes en Valparaíso. En fin, la "Guerra del Pacífico" fué la parte militar de la guerra comercial entre el salitre nacionalizado de Tarapacá y los salitreros chilenos de Antofagasta. 

Derrotado el Estado peruano, propietario del salitre de Tarapacá, los productores de Antofagasta habían logrado desvalorizar los certificados salitreros peruanos; paralizar las faenas y arruinar Tarapacá. 

Pero, si bien la "Guerra del Pacífico" había desorganizado la capacidad productiva de Tarapacá, las fuentes naturales físicas del salitre existían, eran propias de las características geográficas y, como tales, continuaban. Y es aquí donde comienza la historia del monopolio del salitre. Su hilo conductor es la historia de dos empleados ingleses de la zona de Tarapacá. Uno de ellos, maquinista del ferrocarril salitrero, llamado Thomas North. El otro, el gerente del Banco de Tarapacá, Mr. Harvey. Ambos británicos, de humilde extracción social, habían conocido las épocas de auge general. Como europeos sabían que la crisis económica que había paralizado Tarapacá, era pasajera. Que a una depresión, continuaba una nueva prosperidad. La guerra había desvalorizado totalmente los certificados salitreros, luego era fácil comprarlos. De común acuerdo, Harvey y North acordaron hacerlo. Con los créditos que le otorgó el gerente del Banco de Tarapacá (Harvey a su amigo North) pudo el humilde ferroviario adquirirlos prácticamente regalados, casi gratis. Terrible imprevisión de los industriales de Antofagasta, que habían ganado una guerra militar, sin capitalizarla totalmente: no se habían apoderado de los bienes de su rival comercial. 

North y Harvey no pudieron encontrar la forma de financiar una nueva "puesta en marcha" de las "oficinas" que habían adquirido. Sus negocios los comenzaron con fondos chilenos; pero, la notable decadencia de la banca de Valparaíso les impidió obtener nuevos créditos; tampoco lograron socios capitalistas. Debieron, entonces, recurrir a otras fuentes. Las encontraron en el exterior, en su propia patria. 

Chile, con el triunfo militar y con su calidad de país solvente les dio el prestigio necesario. Con la audaz compra de las pertenencias salitreras y con la confianza en sus dotes de comerciantes hábiles, lograron que los inversionistas en valores de ultramar encontraran que el salitre podía enriquecerlos más. Y, en realidad, North era propietario potencial de una riqueza incalculable, sólo le faltaba dinero para hacerla efectiva. 

Con gran facilidad organizó sociedades anónimas. El promotor aportaba las concesiones y las "oficinas" paralizadas. Los accionistas, el dinero suficiente para movilizar los negocios. La confianza en la capacidad comercial de North y sobre todo, concretamente, la perspectiva de buenos negocios hizo posible que no sólo reorganizaran las antiguas oficinas y las pusieran en marcha sino que también emprendieran la construcción de nuevas y mayores plantas. 

La importación de capitales fue producto de su escasez en el país. Chile, en la época analizada, podía caracterizarse perfectamente por ser una nación de economía desigual. 

Mientras el "Norte Grande" ocupaba grandes masas de obreros y producía en gran escala; el "Norte Chico" se encontraba en la etapa de la primera revolución industrial fundidora; en el Centro decaía el capital bancario-mercantil y en el Sur se efectuaba, muy tardíamente, la concentración capitalista de la tierra. Este desarrollo, típico de una evolución retrasada, exigió a North para llevar a cabo sus proyectos una forma nueva de economía capitalista. Forma que superará las condiciones inferiores e irregulares del medio. 

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Surge el movimiento obrero en el norte.
Surge el movimiento obrero en el norte.

North, típico representante del empresario capitalista activo, con el fin de romper las trabas que impedían su expansión y provecho dio curso a la importación de capitales. Y esto tiene gran importancia en la historia económica

Una particularidad del proceso de importación de capitales: formación del monopolio. 

Si retrocedemos en los años puede el lector recordar las consecuencias de la crisis económica de 1879 en Chile, su influencia en el salitre y su derivación militar. La competencia comercial entre el salitre de Tarapacá y el de Antofagasta terminó en una guerra, la "del Pacífico". Conflagración, en la cual el triunfo correspondió a la Compañía de Salitres de Antofagasta, organizada por José Santos Ossa y regentada por el inglés Jorge Hicks. 

Después de la lucha, las perspectivas comerciales eran brillantes. La crisis había sido superada. Los salitreros de Antofagasta trabajaban con espléndidas utilidades y su rival, el salitre de Tarapacá, se encontraba paralizado. Pero, pronto empezó a variar la situación, y a invertirse el orden de los factores. 

Antofagasta, que gracias a la menor distancia entre las oficinas salitreras y la costa, como también al uso de técnicas más apropiadas, había liquidado a su competidor de Tarapacá, vio en peligro su predominio. ¿Qué pasaba? 

La importancia de capitales ingleses no se había limitado a la contribución monetaria, también había aportado en progreso técnico: en la lexivación y en la producción en plantas mayores y de gran capacidad; concentración industrial que rebajó los gastos generales: todo esto unido a una nueva red de ferrocarriles salitreros que, práctIcamente, eliminaba el caro y lento acarreo en carretas a mula a los puertos de embarque. En cambio, las compañías nacionales de Antofagasta poseían instalaciones dispersas y pequeñas; además el transporte al mar se hacía en condiciones primitivas. 

Estos métodos industriales eran de alto costo humano y fabril, en consecuencia anti económicos. Anteriormente, para levantar sus plantas, Antofagasta había obtenido créditos en el comercio y la banca de Valparaíso. Pero, desde la decadencia del sistema habilitador, la ruina de la minería de la plata, la baja del cobre y otras causas posteriores, por un lado, y las bajas en .los mercados salitreros, por otro; con la consiguiente disminución de la solvencia, impidieron un nuevo auxilio al salitre chileno, y es así como, en 1885, las compañías chilenas se vieron obligadas a firmar una tregua comercial con las compañías inglesas de Tarapacá. Tregua efectuada por medio de un Pool, denominado la "primera combinación salitrera". 

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Oficina salitrera en Antofagasta.
Oficina salitrera en Antofagasta.

Pool que, de acuerdo a su significado mercantil, era un convenio entre los dos grupos de compañías, mediante el cual se trataba de obtener una nivelación de los beneficios, concentrandolos en un fondo común y distribuyéndolos de acuerdo a normas determinadas. 

Se limitó la producción, elevando los precios  medios a 8 chelines y algunos peniques por unidad salitrera de venta. Estas medidas tampoco dieron resultado. El mayor consumidor, Alemania, debió suspender el cultivo de la remolacha sacarina, presionado por la competencia irresistible del azúcar de caña proveniente de Centro América y las Antillas. 

Y, a pesar de los acuerdos preventivos de limitación y "Pool", a fines de 1886 la existencia acumulada de salitre en los mercados de Europa fue tan grande que el precio de venta retrocedió a 5 chelines y cuatro peniques. Esta merma destrozó el frente común entre los salitreros de Antofagasta y Tarapacá. El 31 de diciembre, las compañías inglesas prefirieron confiar en sus propias fuerzas y continuar sus negocios por separado, desligándose por completo de las sociedades chilenas, independencia que fundamentaban, comercialmente, en sus costos menores de producción. 

El nuevo capital salitrero triunfador era de propiedad extranjera y domiciliado en Londres. El curso del capitalismo desde su etapa "laisser faire, laisser passer", al "Big stick ", en Chile, está señalado por la industria salitrera y esto que corresponde al salitre; se repetirá, también, en el otro mineral básico, el cobre. La extracción comercial del metal rojo que fue, durante más de un siglo, totalmente de propiedad nacional pasará a depender del capital norteamericano para su gran explotación

Ambos grupos productores cayeron en una fuerte competencia en la que el crecimiento de las ofertas siguió un ritmo más rápido que el de las ventas. La baja del precio de las transacciones continuó en forma constante, apenas con breves oscilaciones, hasta llegar en diciembre de 1890 a un mínimun peligroso de 4 chelines y 10 peniques. La paralización inmediata de los establecimientos de Antofagasta fue inevitable. En la concurrencia había triunfado el capital inglés. 

Las grandes plantas ("oficinas"), levantadas por North, terminaron por abastecer en forma exclusiva y total los mercados. La historia salitrera de 1879 se repitió; pero invertida; las nuevas técnicas habían liquidado a la competencia de Antofagasta, como en aquella fecha, ésta había vencido a Tarapacá. Gracias al mayor capital, al progreso industrial y a la centralización en manos de un sólo financista dirigente, North, el capital importado había superado al nacional. Las compañías chilenas tenían múltiples propietarios, independientes entre sí. Las inglesas, múltiples accionistas, pero un sólo dirigente ejecutivo. La derrota económica de la libre empresa había dado paso a una nueva forma de capitalismo: el  monopolio. 

El primero de enero de 1887 marca la fecha en la cual comienza, definitivamente, el período del monopolio del salitre. Terminada la primera "Combinación salitrera" las compañías independientes debieron apagar sus fuegos. La imposibilidad de resistir (por sus altos costos) la competencia de las compañías de North, entregó la totalidad de la venta del salitre al monopolio de Tarapacá. 

En otros términos, la principal actividad chilena pasaba del período de la "libre empresa" y "competencia" al estadio superior del monopolio y del control económico del capital internacional. Este paso tuvo una característica especial: la "libre empresa" anterior estuvo formada por salitreros, compañías y habilitadores de origen chileno o de extranjeros avecindados en Chile. 

El nuevo capital salitrero triunfador era de propiedad extranjera y domiciliado en Londres. El curso del capitalismo desde su etapa "laisser faire, laisser passer", al "Big stick ", en Chile, está señalado por la industria salitrera y esto que corresponde al salitre; se repetirá, también, en el otro mineral básico, el cobre. La extracción comercial del metal rojo que fue, durante más de un siglo, totalmente de propiedad nacional pasará a depender del capital norteamericano para su gran explotación. Importación de capitales impuesta por la escasez del capital nacional necesario para poner en marcha los minerales mayores, cuyo trabajo moderno exige un gran uso de capital constante aplicado a las instalaciones industriales. Y esto que es válido para el cobre, es igualmente válido para cualquier extracción minera. 

La historia comercial de William Braden y de la Anaconda Copper es semejante a la de North y de la Anglo Lautaro Nitrate Co. Lo que sucedió para hacer producir nuevamente salitre en Tarapacá, se repitió en el cobre. Chile, para recuperar sus mercados y volver a ser un gran productor de cobre, debió aceptar la importación de capital indusal.

La importación de capitales abrió camino al estadio capitalista del monopolio y de éste, simultáneamente, a la dependencia económica llamada deformación imperialista económica. El país pasaba concretamente a ser semi colonia dependiente. 

Las empresas de North abarcaron desde el abastecimiento del agua potable, los ferrocarriles, el Banco de Tarapacá y la proveeduría de provisiones hasta la navegación y embarque salitrero. Esto es sin mencionar sus pertenencias salitreras básicas, o sea, una forma típica de monopolio moderno: fusión del capital industrial y bancario en todos los órdenes de una actividad determinada. 

La importación de capitales abrió camino al estadio capitalista del monopolio y de éste, simultáneamente, a la dependencia económica llamada deformación imperialista económica. El país pasaba concretamente a ser semi colonia dependiente. 

Como hemos visto la limitación de los mercados hacía comercial la extracción solamente de una de las dos zonas vecinas rivales. Una vez había triunfado Antofagasta, después Tarapacá. Una vez, el capital chileno había vencido al capital peruano. La otra, el capital inglés al chileno. ¿Qué pasaría si se ponía en explotación el resto de las pampas salitreras? 

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El ferrocarril salitrero.
El ferrocarril salitrero.

Una crisis económica había derrotado a Tarapacá, otra a Antofagasta. La solución de la depresión salitrera había sido la modificación de los sistemas industriales. Y, además, las crisis, poco a poco, se transmutaban nuevamente en prosperidad. Esta característica descrita por' Marx como propia del capitalismo, encierra siempre raras sorpresas. 

Thomas North, audaz, hábil y aventurero, no podía entregar sin lucha su cetro financiero. Poner en trabajo nuevas y más poderosas "oficinas" con medios económicos suficientes era un riesgo mortal para las suyas, cuya competencia podría ser liquidadora. Recientemente había invertido grandes sumas en renovar las instalaciones antiguas, muchas de ellas aún sin ninguna amortización. Todo esto unido a los bajos precios del mercado internacional comprador podía significar su quiebra. 

De Inmediato abandonó la "City", con gran cortejo, bombo y periodistas. En un viaje fastuoso arribó a Chile. Primero inició una maniobra "pacífica": tentó halagar al presidente. Fracasada la gestión diplomática hizo otra, más efectiva y práctica: destinó 90.000 libras para el soborno, cifra fabulosa para la época. Más tarde su uso se ventilaría en un tribunal público, por desfalco, en Londres. Sus abogados, los conocidos "patricíos", Zegers, Walker Martínez y Mac Iver, útiles y oficiosos, serviles y bien remunerados, se sirvieron de la suma para comprometer aliados, comprar con- ciencias y coordinar la oposición. 

Mac Iver, fogoso demagogo, exigió el régimen parlamentario inglés. Julio Zegers con sesudos argumentos abordó la crítica al plan económico del gobierno. Walker Martínez, sin temor a contradecir su ideología conservadora tradicionalista, pidió la democracia electoral y el derecho popular a elegir libremente un nuevo mandatario independiente de la Moneda. La oposición que era violenta en los discursos y ofensiva en los periódicos, aun guardaba las formas legales, pero a partir del soborno recurrió a medios de presión física: primero, con manifestaciones callejeras y posteriormente, con algo desusado: rechazó el proyecto anual de presupuesto. 

Balmaceda debió asumir de hecho la dictadura. Decretó válido, para el nuevo período, el presupuesto vigente. Sus enemigos hicieron gran caudal propagandístico de la intención del presidente de proclamar sucesor a uno de los suyos, ocultando, tras las campañas antidictatoriales y anticontinuistas, la lucha económica. 

Todo esto no bastaba para producir una sedición militar y menos para triunfar: Balmaceda tenía a su lado el ejército. Mientras tanto, Edwards buscó la salvación de su banco y de sus colegas. North, tampoco descansó en sus "gestores". Prestó fondos a los banqueros y éstos, con dinero y relaciones, encontraron cómplices ambiciosos en la Armada: Jorge Montt, etc, 

Y aún no era suficiente: era necesario impedir la acción de los salitreros de Antofagasta. La escuadra no tenía aliados en tierra y debía zarpar al Norte, e impedir su aislamiento en Tarapacá, único sitio controlado por North. Este peligro era grave. Lo solucionó personalmente el rey del salitre. 

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Oficina de Humberstone.
Oficina de Humberstone.

Los arruinados salitreros chilenos aceptaron un plato de lentejas: "La segunda combinación salitrera". North limitó la producción de sus compañías y se alzó el precio de venta de 4 chelines 10 peniques a 6 chelines, 2 y medio peniques por unidad. Sus antiguos enemigos, sin preocuparse del porvenir y sólo pensando en las utilidades inmediatas de partidarios públicos del presidente, se tornaron aliados de su poderoso competidor. Haciendo caso omiso de su condición de antiguos rivales. 

Producida la unidad patronal, la balanza de los partidarios de Balmaceda perdió una parte importante de su peso. 

Organizada la "II Combinación", los opositores hicieron efectiva la conspiración. Obtenido el apoyo de la oficialidad porteña de la Armada, asumió el mando de la sedición Jorge Montt, quien anteriormente tuvo que ser colocado en libre disposición, por el gobierno, por su maquiavélica actitud en los acontecimientos ocurridos en una huelga de 1890. 

Epílogo salitrero 

La "II combinación salitrera" duró muy corto tiempo. Sólo el necesario para que North llevara a cabo su objetivo: separar Antofagasta y sus capitalistas del gobierno. Derrotado Balmaceda, Tarapacá vio nuevamente al sistema de liquidar competidores con la baja de los precios.

Las compañías inglesas coaligadas en la "Asociación salitrera de propaganda" dieron su definitivo y eficaz golpe final. Incapaces sus rivales de sobrevivir, sin el auxilio del Estado, debieron paralizar sus faenas sin gloria. Al abandonar a su defensor y representante político, José Manuel Balmaceda, abandonaban su propia defensa social.

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Afiche de salitre en Nueva York.
Afiche de salitre en Nueva York.

Pero la materia prima salitre seguía en las pampas blancas de Antofagasta. Y resurgió su explotación. Para ello era necesario dar paso a nuevas técnicas y nuevos capitales, más audaces y progresistas, correspondientes a un estadio superior al del monopolio británico y al sistema de lexivación inglesa llamado Shanks. La venta de las "estacas" o pertenencias salitreras al consorcio Guggenheim hizo este avance. 

El suicidio de Balmaceda y el suicidio objetivo de los salitreros chilenos es la imagen más trágica de la muerte de la burguesía industrial nacional. Los nietos de Ossa, de Vergara y aún los de Balmaceda, son, hoy (en 1958), simples ayudantes del capitalismo monopolista extranjero. Triste es decirlo.

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Comentarios

Comentarios

Excelente relato de los hechos, acontecimientos reveladores de un proceso económico de incalculables valores para el conocimiento de la Historia económica de Chile y del Norte Grande en particular. La generación de capital y la concentración de éste, tiene autores y proyectos empresariales que se distinguieron de manera desigual, pero siempre de lado del poder político.

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