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Domingo, 26 de Septiembre de 2021
Entrevista con Cecilia Sepúlveda

Presidenta del Colegio de Nutricionistas: “producto de la pandemia ha aumentado la obesidad con retraso en talla en niños chilenos”

Joaquín Riffo Burdiles

La dirigente se refirió a la situación nutricional del país a un año del comienzo de la pandemia. El resultado es poco alentador: desorden e insuficiencia en la implementación del reparto de cajas de alimentos, inseguridad alimentaria severa en un 20% de la población y retraso en talla acompañado de obesidad en niños de grupos vulnerables. 

Hace unos días, el director del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Chile (INTA), Francisco Pérez Bravo, planteó en una entrevista en La Tercera una voz de alerta respecto de la situación nutricional del país.

El profesional advirtió sobre la aparición de focos de desnutrición, problema que ya aparecía erradicado, y que “bajo un escenario de pandemia van a aparecer estos otros problemas nutricionales, aunque probablemente los de mayor magnitud tendrán que ver con la obesidad: mucha gente está sin trabajo y va a hacer una selección distinta de su canasta de alimentos”, a propósito del último informe Junaeb. 

En la misma línea, la presidenta del Colegio de Nutricionistas, Cecilia Sepúlveda, conversó con INTERFERENCIA para profundizar en este escenario. La dirigente evaluó las políticas públicas que se han llevado a cabo en términos de alimentación, en función de los resultados y las conclusiones que ya se pueden observar, a más de un año del comienzo de la pandemia. 

Entre otros aspectos, Sepúlveda puso el énfasis en la descoordinación, falta de logística e insuficiencia en la repartición de cajas de alimentos; las cifras de inseguridad alimentaria leve, moderada y grave en el país; la relación entre obesidad y retraso en talla en los niños chilenos durante el último año; y las dificultades para acceder a alimentos nutritivos relacionado a las alzas en la canasta familiar. 

En mayo del año pasado, como una de las primeras medidas que el gobierno adoptó para hacer frente a la situación sanitaria y económica que empezaba a vivir el país, fue el anuncio de la repartición de cajas de alimentos, medida que fue criticada por su gremio en su momento. A un año de esa política pública, ¿cuál es la evaluación que hacen de ella? 

Resultó cómo nosotros pensábamos. Es una política pública “aguda”, como se dice en el mundo clínico. Es decir, que alivia el síntoma un rato, pero que ejercerá una mejoría crónica, por decirlo de alguna manera. Esa medida alivió durante 15 días la falta de alimentos de las familias pero después de eso hubo ausencias. Por ejemplo, la Junaeb sigue entregando cajas pero el problema es que no hay mucha supervisión de cómo se están entregando estas cajas ni las condiciones en las que están llegando. Muestra de ello fue en el verano donde las frutas iban, pero se echaban a perder muy rápido en los depósitos donde se guardan por el calor. Habían muchas cosas que no lograban llegar en buenas condiciones y obviamente los niños no las iban a comer. 

Tampoco se dio mucho el tema práctico y logístico. El funcionamiento consiste en que las empresas que licitan arman las cajas de la Junaeb y éstas llegan a distintos colegios, donde se guardan en bodegas, salas de clases o cocinas, donde sea que se puedan almacenar y no necesariamente en lugares adaptados para guardar alimentos con baja temperatura o refrigeración. 

Ha faltado más planificación y ver las condiciones reales en las que está viviendo la gente. Observar las condiciones de los colegios a los cuales llegan estas cajas, qué capacidad de almacenar en buenas condiciones existen para que los alimentos lleguen en buen estado a los niños. 

¿Es el único problema que hay con la repartición de cajas de alimentos?

Bueno, con las temperaturas de otoño e invierno disminuirán algunos de esos problemas de almacenamiento, pero aún así lo que nosotros vemos es que estas cajas llegan a hogares vulnerables y se “diluyen” en las familias. O sea, si los padres no tienen dinero para comprar alimentos para todos, estas cajas se repartirán entre todos los miembros del grupo familiar. Por lo tanto, al no haber esta política pública por familia sino que por niño, se está generando eso. Hay casos de adultos mayores que no reciben ningún tipo de ayuda, gente que está comiendo día por medio.

Eso habla de una falta de planificación y todavía es peor fuera de la Región Metropolitana, en zonas donde los municipios entregan las cajas. En el sur, por ejemplo, se enfrentaron al problema de que estas cajas iban a ser financiadas con fondos del gobierno que tenía que reembolsar el costo de estos alimentos, y ese reembolso no ha ocurrido.

A ello se suma que hay una falta de vigilancia y seguimiento respecto de cómo se entregan estas cajas y a quién. Los errores que se reportaron en su momento sobre la entrega equivocada de cajas a personas que no las necesitan persisten. 

Esto también sucede cuando se hace la distribución de alimentos en los colegios. Los alumnos están clasificados de acuerdo a su nivel de vulnerabilidad y los que están en una situación muy complicada tienen sus cajas aseguradas. Pero por la pandemia esa condición ha cambiado, la medición que se hizo en marzo no consideró que durante el resto del año la situación económica de las familias cambió, y si antes habían 10 niños vulnerables en un establecimiento puede que ahora hayan 20, pero siguen las mismas 10 cajas.

Sin duda, el empobrecimiento de distintos segmentos de la población ha sido un gran factor a considerar a un año de la pandemia. El desempleo y las cuarentenas han llevado a fenómenos como las ollas comunes, a lo que se suman condiciones como el hacinamiento y la falta de actividad física. ¿Cuál es el balance nutricional que han hecho como Colegio, a más de un año de iniciada la crisis sanitaria? 

En primer lugar, establecer que hay un aumento de la inseguridad alimentaria. La FAO tiene clasificación respecto a este indicador: leve, moderada y severa. La leve corresponde a la situación en la cual no te alcanza el dinero para comprar la misma cantidad de alimentos nutritivos que podías comprar antes, por lo que por ejemplo reemplazas la carne de vacuno por una alternativa más barata, pero todavía puedes acceder a algún tipo de carne y no está en riesgo la ingesta diaria.

En la moderada, es cuando por la falta de plata tienes que elegir qué alimentos comprar y vas a optar por uno más barato pero con menos valor nutricional. Ahí es cuando se deja de consumir frutas y verduras, y empieza el ciclo repetitivo de “pan, arroz y fideos”, ahí empezamos a ver un impacto nutricional y la gente puede subir de peso, porque te alimentas igual pero de muy mala calidad. En el caso de la inseguridad alimentaria severa, ocurre cuando hay días que eliges no comer, cuando se come dos o tres veces por semana, o puedes hacer solo un tiempo de comida. 

¿Cómo se ha medido eso en Chile?

El Ministerio de Desarrollo Social hizo una encuesta de “seguridad alimentaria”, que tampoco se dio a conocer mucho. Lo que se realizó fue comparar 2020 con marzo de 2021, entendiendo que desde finales de año se reactivó un poco la economía. Pero cuando vemos las cifras, un 20% de la población tiene inseguridad severa, no es menor. Eso quiere decir que esos grupos familiares no están comiendo, por lo tanto están con mal nutrición y/o bajo peso. Se ve en distintos tipos de personas: niños, adultos mayores, embarazadas. A este 20% que tiene inseguridad severa, debemos agregar otro 20% que está con inseguridad de leve a moderada. En este trecho es cuando baja la calidad nutricional y tenemos el extremo de obesidad, eso coincide con las cifras del mapa nutricional de la Junaeb. 

Entre 2017-2018 aumentó la desnutrición cuando llegó una gran masa de inmigrantes haitianos, pero al año siguiente se mejoró, porque todos estos niños fueron incorporados al plan de alimentación de atención primaria. Desde hace más de 30 años, Chile bajó las cifras de desnutrición enormemente, entonces nunca subía un 1% o un 2%, y cuando analizabas a esos niños generalmente tenían alguna otra patología. Resulta que ahora, en el último mapa, la verdad es que la desnutrición sobrepasó el 3%. La desnutrición está, por ejemplo, en niños de prekinder, cerca de un 5%, exactamente un 4,6%.

Estamos hablando de niños de 4 años.  En kinder es cerca de un 4%. O sea, si calculas, la desnutrición está cercana a un 3%, pero si ves las cifras, se dobló la cifra, ya que antes estábamos en un 1,5% o menos. Antes era la mitad. Esto habla de que esta franja de personas está viviendo con una inseguridad alimentaria de moderada a severa. Eso es grave.

Lo otro es que aumentó la obesidad. La obesidad no ha ido parando, en 2019 había un 23% de obesidad total y este año un 25% de obesidad total. Y este dato es muy importante, porque en general la gente no lo mira, que es el retraso en talla. Cuando tienes a un niño con obesidad pero con talla baja, ahí tienes otro ejemplo de la inseguridad alimentaria de leve a moderada, estamos hablando de que ese niño está con déficit de micronutrientes, de zinc, de hierro, de calcio, de fósforo, y estos micronutrientes están en alimentos con alto valor nutricional, como legumbres, leche, carnes, pescado, frutas, frutos secos.

¿Cómo está el país en este momento en cuanto al retraso en talla?

El año 2018, hubo un 3,6% de retraso de talla. En 2019, con estallido social, 3,9% y este año, 5,5%. O sea, tenemos niños obesos con talla baja. Y aumentó la desnutrición. Eso es importante, porque hay una línea de investigación y estudio que se llama epigenética, se viene estudiando después de la segunda guerra mundial. Y esto es porque se dieron cuenta que los hijos que habían nacido de mujeres que habían sobrevivido a la hambruna post guerra se morían de infartos, accidentes vasculares y había muchos con diabetes.

Desde ahí nació una teoría que dice que cuando un feto tiene restricción intrauterina de alimentos, ya que la madre no come, hay un acomodo a nivel epigenético que genere que este niño, su cuerpo, está pensando siempre que va a pensar hambre, entonces, tiene tendencia a tener resistencia a la insulina, a guardar en su cuerpo, porque con la resistencia a la insulina eso hace el cuerpo, guarda. Los niños quedan más susceptibles a la obesidad y a después tener enfermedades crónicas no transmisibles. 

Nosotros, la generación de 30 o 40 años, somos hijos de adultos que pudieron haber sufrido desnutrición. Y si tú analizas, actualmente un 75% de los adultos son obesos o tienen sobrepeso. Con las cifras en aumento de desnutrición en niños, significa que los hijos de los niños que ahora tienen desnutrición van a volver a sufrir obesidad. Eso como profesionales molesta, porque esta evidencia científica existe, está a mano. Yo hice un estudio en 2008 sobre obesidad e hígado graso en niños de 6 años, ya a esa edad desarrollan hígado graso cuando son obesos. 

Por eso tienes que generar políticas preventivas. Y ahora lo que debería hacer el gobierno es escuchar a la academia, escuchar a los gremios que saben del tema, como los nutricionistas, y generar políticas públicas transversales que prevengan la desnutrición. Si sabes que los niños se están desnutriendo, lo que tienes que hacer es parar la desnutrición, a través de programas alimentarios que aseguren la ingesta diaria de un buen perfil de nutrientes, que prevenga la desnutrición y talla baja. Esto no significa ‘enguatarlos’ con pan, si no tener una buena nutrición todos los días que asegure un buen estado de salud, finalmente es cumplir con los derechos de los niños.

Ustedes realizan un análisis semanal de los precios de alimentos, tanto de consumidor, ¿cómo ha variado en este año de pandemia el tema de la accesibilidad a la comida?

Esto que te comentaba de la inseguridad alimentaria leve, moderada o severa es un indicador, es decir, mide varias cosas. Algo que mide es la accesibilidad por plata, por capacidad de compra y mide la disponibilidad, o sea, que tú tengas dónde comprar.

Solo hablando de la canasta básica de alimentos, que además no es el mejor referente, subió casi un 8% y sigue subiendo. Nos llama la atención que nadie hable de este tema. 

Salió un diputado que dice que el azúcar rubia estaba tan cara, pero bueno, nosotros venimos hablando de esto hace más de un año.

El año pasado ustedes comentaron que en ese sentido mejor que dar una caja de alimentos era dar una renta básica y buscar estabilizar los precios también…

Claro, pero ahí ves y vas a la feria, y al contrario de lo que dicen los economistas, los feriantes tienen para asegurar el ingreso y por lo tanto van a subir los precios, y eso es lo que estamos viendo. Lo que observamos es que en un año, subió un 8% la canasta básica, de diciembre de 2019 a diciembre de 2021, y después calculamos hasta febrero de 2021, y ahí siguió subiendo. Es decir, si vamos sumando, la canasta básica ha subido el precio en al menos un 10% y va en constante alza. Esto no es menor.

Y cuando hablamos de seguridad alimentaria también hablamos de eso, que los precios están altos comparado lo que tienes en el bolsillo para acceder a productos saludables. 

Y tampoco hay donde comprar esos alimentos saludables. Por ejemplo, una de las medidas que propone Elige Vivir Sano es que la gente compre por delivery, por aplicaciones, pero mis papás son adultos mayores y ellos ni siquiera saben usar el WhatsApp, hay una enorme brecha. 

Realmente hay una desconexión de esas políticas con las personas, con cómo viven. Lo mismo con la franja deportiva, a las 5 de la mañana no tiene sentido, imagínate cómo una mamá con su hijo van a darse una vuelta y hacer un poco de deporte a las 5 de la mañana, no tiene sentido.

Y la gente que vive en Punta Arenas, Puerto Montt, Concepción, donde llueve más ¿También van a salir a las cinco de la mañana? Hay allí un problema de desconexión muy potente, donde no están escuchando a la academia ni a los gremios que sabemos del tema. Y se avisó, se ha puesto en alerta, y aún no hay muchas reacciones.

Además ya se lleva un año de pandemia, puede ser más grave. Porque al comienzo se estaba improvisando frente a una nueva crisis sanitaria, pero ahora ya se ha podido revisar, evaluar políticas que no funcionaron. Ustedes comentaron que había que considerar factores psicosociales, culturales para armar estas políticas. ¿Ha sido el caso?

No, tampoco. Tampoco se ha facilitado la venta y negocios de pequeños agricultores. Tampoco sobre el trabajo de los feriantes, que solo han vivido restricciones. Y la economía es circular, si una caleta no tiene cómo vender su pescado, primero pierde el recurso, tampoco tienen ingresos y se perpetúa el ciclo de la pobreza. Nosotros hemos visto varias deficiencias en lo que está pasando.

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Comentarios

Comentarios

Muy fundamentados los argumentos de la presidenta del Colegio de Nutricionistas. Lástima que nadie les ha puesto atención a sus recomendaciones. Todos vemos y vivimos el alza constante de los alimentos y el desatino con respecto a la sugerencia de comprar vía aplicaciones telefónicas. La desconexión del gobierno con la realidad ciudadana impacta y enoja

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