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Sábado, 21 de septiembre de 2019
Tercera Parte

La historia de 'Ramiro': Atentado a Pinochet y secuestro de Carreño

Manuel Salazar Salvo

Mauricio Hernández Norambuena fue uno de los cuatro comandantes del FPMR a cargo del atentado a Augusto Pinochet en 1986. Un año después lideró el secuestro del coronel Carlos Carreño, a quien terminó liberando en Brasil.

Desde su misma concepción, la planificación estratégica del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) se preparó en diversas partes del mundo: en la Unión Soviética, en Cuba, en la República Democrática de Alemania y en Chile. Se fue afinando según las condiciones políticas internas y externas, pero, aparentemente el éxito de las protestas nacionales que se iniciaron en 1983 aceleraron el calendario diseñado previamente. Así, la dirección comunista decidió transformar el año 1986 como el año de la sublevación nacional.

Así, se diseñaron dos grandes operaciones para dar comienzo al levantamiento general, que culminaría con cuatro grandes columnas marchando desde los cuatro puntos cardinales de Santiago hacia el centro de la ciudad en septiembre de aquel año. A mediados de 1984 se inició la preparación de las dos grandes tareas programadas: el ingreso clandestino de un poderoso cargamento de armas comprado en el exterior para proveer a los combatientes del Frente y un atentado contra el general Augusto Pinochet que terminara con su vida y diera comienzo al enfrentamiento final.

Al iniciarse el invierno de 1984 fueron designados los principales jefes que se harían cargo de la compleja estructura que se haría cargo del ingreso del cargamento de armas a Chile, tarea que requería de una delicada preparación. En tanto, tras varios atentados fallidos en contra de Pinochet, a fines de 1985 se optó por efectuar una operación de gran envergadura, aportando todos los recursos humanos y materiales necesarios. Era indispensable, sin embargo, contar con la armas y los explosivos requeridos y había que esperar la llegada del cargamento que las traería.

En mayo de 1986 se escogió al oficial que planificaría y dirigiría el atentado contra el dictador. El nombramiento recayó en José Joaquín Valenzuela Levi, quien había salido al exilio a los 15 años tras estudiar en el Nido de Águila, un exclusivo colegio que habitualmente recibe a los hijos de los diplomáticos extranjeros.

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En primer plano José Joaquín Valenzuela Levi, el comandante 'Ernesto'
En primer plano José Joaquín Valenzuela Levi, el comandante 'Ernesto'

Valenzuela había estado un breve tiempo en Estados Unidos y luego había sido formado en la escuela de cuadros de Wilhelm Pieck, abierta por el gobierno alemán oriental para entrenar militarmente a jóvenes alemanes y principalmente extranjeros. En esa escuela fue bautizado como Ricitos por su pelo crespo. En septiembre de 1977, el ex diputado comunista Gilberto Canales le propuso ingresar a la Escuela Militar de Bulgaria, para formarse durante cinco años como oficial de tropas generales. Valenzuela Levi aceptó y junto a otros hijos de exiliados chilenos se trasladó hasta la ciudad de Sofía.

En 1981, tras graduarse de oficial con los otros chilenos, el ex senador comunista Orlando Millas les pidió que se integraran al dispositivo militar del Partido Comunista en Cuba. Sólo 13 de los 30 oficiales aceptaron, entre ellos Valenzuela Levi, quien al llegar a la isla se convirtió en instructor militar y adoptó el nombre de Rodrigo.  En 1982 partieron a Nicaragua como parte de los seis Batallones de Lucha Irregular (BLI) conformados por chilenos para combatir a la guerrilla contra, apoyando la lucha del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

En 1984 Valenzuela regresó a Chile y se sumó al FPMR donde se dedicó a organizar escuelas de instrucción clandestinas, y se desempeñó como formador de las Unidades Territoriales de Autodefensa en las poblaciones populares. Era, además, el mejor amigo del comandante José Miguel.

Tras ser escogido para encabezar el atentado se le designó comandante y pasó a llamarse Ernesto. Como su ayudante principal eligió a la comandante Tamara. En el primer plan se optó por realizar la acción en el Cajón del Maipo, donde el general Pinochet tenía la casa una descanso en El Melocotón a la que acudía regularmente los fines de semana.

Se decidió volarlo por los aires cuando pasase en su comitiva y explotara una poderosa carga explosiva instalada bajo la carretera por medio de un túnel cavado desde uno de los costados, donde se instaló una amasandería artesanal como fachada de los trabajos de excavación.

Un ataque directo

Diversas complicaciones surgidas después de que el trabajo preparativo estaba hecho, los obligó a cambiar con muy poco tiempo el lugar y el tipo de atentado a efectuar. Se eligió, entonces, un ataque directo a la comitiva con fusiles M-16, cohetes soviéticos RPG y explosivos. El lugar: la cuesta de Achupallas, a unos 40 kilómetros de Santiago. El momento: a fines de agosto o comienzos de septiembre, cuando Pinochet regresara a Santiago el día domingo en la tarde.

Aceleradamente, con más premura de la debida, Ernesto y Tamara hicieron el diseño del ataque. Requerían 20 hombres divididos en cuatro pelotones, cada uno a cargo de un jefe. Ernesto se hizo cargo de uno y para los otros tres seleccionaron a Mauricio Hernández Norambuena, Ramiro; Mauricio Arenas Bejas, Joaquín; y, Rodrigo Rodríguez Otero, Tarzán.

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Rodrigo Rodríguez Otero, 'Tarzán'
Rodrigo Rodríguez Otero, 'Tarzán'

Tamara y Ramiro eligieron a la gran mayoría de los fusileros, mucho de ellos sin ninguna experiencia en el manejo de los fusiles M-16 y menos de los cohetes rocket. Hubo uno que, incluso, aún no tenía edad para terminar la enseñanza media.

El último domingo de agosto, cuando el comando ya estaba acuartelado en una casa en el sector de La Obra, Pinochet bajó a Santiago antes de tiempo por la muerte del ex presidente Jorge Alessandri. Al domingo siguiente, el 7 de septiembre, emboscaron la comitiva, mataron a cinco de sus integrantes y dejaron heridos a otros 11. De los frentistas, sólo resultó uno herido. Todos lograron huir en varias camionetas aparentando ser agentes de la Central Nacional de Inteligencia (CNI) y exhibiendo sus armas sin ningún recato. Pinochet logró escapar.

Hubo numeroso errores en la preparación del atentado por los cuales se responsabilizó principalmente al comandante Ernesto.

El atentado tuvo como réplica inmediata de la CNI el asesinato de cuatro destacados opositores: Felipe Rivera, Abraham Muskatblit,  Gastón Vidaurrázaga y José Carrasco. El abogado de la Vicaría de la Solidaridad, Luis Toro, se salvó jabonado cuando los fueron a buscar a su casa.

En las semanas siguientes, uno de los fusileros elegidos por Ramiro, el jefe de uno de los pelotones que trabajaban con él, José Moreno Ávila, Sacha, fue detenido en la población La Pincoya, en el sector norte de Santiago, donde vivía con su mujer y su madre, fue detenido y entregó los nombres de varios otros miembros del comando, iniciándose una seguidilla de aprehensiones y la identificación de casi todos los frentistas que participaron en el atentado.

La detenciones impidieron, además, la realización del siguiente atentado; la Operación Pintor, el secuestro del ministro Francisco Javier Cuadra.

El secuestro de Carreño

Tras el quiebre con el PC, a mediados de 1987, el FPMR-Autónomo decidió efectuar los antes posible una operación de gran envergadura para demostrar hacia el exterior y el interior de su orgánica, que su capacidad permanecía intacta. Decidió encargar la misión a quien ya era uno de sus principales jefes militares, el comandante Ramiro.

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El coronel Carlos Carreño
El coronel Carlos Carreño

Ramiro conformó un comando de un número no precisado de militantes, pero donde destacaban tres: Bernardo Mendoza Morales, Rigo o Dago, que a fines de los años 70 y comienzos de los 80 había trabajado en la maestranza del Ejército, Famae, y que tenía dos familiares que seguían laborando en aquella industria militar; Agdalín Valenzuela, Leo; Juan Carlos Cancino, Ernesto; y Luis Rodrigo Morales Salas, con adiestramiento en Cuba y quien había trabajado en las estructuras militares comunistas desde 1980 y era un histórico del FPMR.

La tarea era secuestrar a un militar y pedir rescate por él. Inicialmente pensaron en un miembro de la escolta de Pinochet e incluso seleccionaron un  nombre, pero desistieron porque era un hombre muy robusto, con formación de comando y fama de duro. Aparentemente por sugerencia de Rigo, Ramiro decidió secuestrar al teniente coronel Carlos Carreño barrera, gerente de Famae, un oficial con gran prestigio por su eficiencia en la producción de armas.

Durante varias semanas estudiaron la rutina del coronel y de su familia, quienes vivían en La Reina en Santiago.

El 1 de septiembre llegaron a la casa del coronel cuando se disponía a salir hacia su trabajo. Lo redujeron con armas en ristre y lo subieron a un furgón celeste que tenía un letrero de EMOS, la empresa de agua potable de esos tiempos, y salieron raudos hacia la zona sur. Un hijo adolescente del oficial salió con una pistola y alcanzó a efectuar dos o tres disparos, pero fue contenido por su madre.

Carabineros a bordo de un jeep, alertados por la familia, siguieron a los frentistas, pero estos dispararon hacia atrás, al suelo, y un trozo de pavimento hirió en un brazo al chofer de los policías y debieron detenerse. El furgón celeste fue cambiado por un taxi Peugeot 404, en cuya portamaletas ubicaron a Carreño y prosiguieron hacia una casa que habían arrendado en una población de carabineros en la zona de Macul.

Los frentistas pronto se comunicaron con la familia del oficial y solicitaron un rescate de seis millones de dólares en alimentos, juguetes y materiales de construcción que debían ser entregados en diversas poblaciones pobres de Santiago, además de la publicación en la prensa de varias proclamas.

A los pocos días, mientras miles de militares y policías peinaban barrio por barrio de Santiago tratando de ubicar a Carreño, los secuestradores trasladaron al militar a una casa al sur de la capital donde habían habilitado un pequeño cuarto para mantener oculta a su víctima.

En tanto, la familia de Carreño hacía ingentes esfuerzos para que el Ejército pagara el rescate. Los militares se negaron argumentando que el oficial podía ya estar muerto. La casa de La Reina se llenó de agentes de la CNI, de la Dirección Nacional de Inteligencia del Ejército (DINE) y del servicio secreto, además de un equipo de psicólogos que contenía a la familia suponiendo, aparentemente, que el coronel había sido asesinado.

Graves sospechas

El caso, hasta ahora, sigue manteniendo ámbitos oscuros. Carreño conocía muchos secretos militares, incluidos negocios turbios en la venta de armas a países asiáticos, entre ellos Irak e Irán, que en esos tiempos estaban en guerra. En esos negocios participaban altos oficiales del Ejército, de la Fuerza Aérea y privados que, incluso, mantenían serias pugnas entre ellos por esos motivos.

La situación se puso más tensa cuando se supo que la CNI había secuestrado a cinco miembros importantes del Frente que pensaban canjearlos por el coronel, pero que luego se desistieron y simplemente los asesinaron y lanzaron al mar.

En la casa donde mantenían a Carreño, tanto Bernardo Mendoza como otros secuestradores querían matar al oficial, pero Ramiro lo protegió e impuso su autoridad sobre los demás. El propio coronel de Famae empezó a sospechar que el alto mando de su institución lo quería muerto.

El Frente decidió entonces sacar al militar hacia Argentina y desde ahí llevarlo a Brasil. En todo el trayecto Ramiro se preocupó de que los tratan bien, lo alimentaran correctamente y atendiera sus necesidades. Finalmente, fue liberado tras 91 días de encierro en las puertas de uno de los más importantes diarios de Sao Paulo. 

Una parte del rescate había sido conseguida por la familia y repartido en las poblaciones como había sido la exigencia del Frente.

Mañana 4° parte: Secuestros de empresarios ricos en las tierras cariocas. 

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