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Jueves, 22 de octubre de 2020
¿Piñera abandonó a su primo?

Las cartas de la vieja Concertación para salvar a Chadwick en el Senado

Andrés Almeida

La sensación en la víspera de la acusación constitucional es que el ex ministro tendrá que ser quién pague políticamente por las graves, masivas y sistemáticas violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la rebelión social. Sin embargo, llegar a los 22 votos que se necesitan para aprobar el libelo no parece tarea sencilla, pese a que la oposición cuenta con 24 senadores. De hecho ya hay dos que han hecho cosas favorables a Chadwick; su amigo José Miguel Insulza (PS) y Jorge Pizarro (con militancia DC suspendida). También hay razones para pensar que Sebastián Piñera no lo ha abandonado.

El martes 10 de diciembre pasará a la historia como el día en que empezó la acusación constitucional contra el ex ministro del Interior, Andrés Chadwick por tal vez los crímenes más graves con los que se haya acusado a algún ministro; los de lesa humanidad. El resultado -que será el miércoles 11 de diciembre- es incierto en la víspera, pese a que existe en los pasillos del Senado la idea de que Chadwick perderá la acusación, por lo que no podrá ejercer cargos públicos durante cinco años.

Este raciocinio se basa en que la oposición cuenta con 24 senadores y solo necesita 22 votos. Pero, además, existe la noción de que alguien tiene que hacerse políticamente responsable por las graves violaciones a los derechos humanos cometidas en Chile a manos de las Fuerzas Armadas y principalmente Carabineros. De otro modo, la sensación de impunidad podría ser un peligroso acelerante de nuevas movilizaciones, cuyo blanco puede ser esta vez el Congreso en su conjunto, conforme estiman varios asesores entrevistados por INTERFERENCIA.

Es por lo anterior que al menos el Partido Socialista (PS) y la Democracia Cristiana (DC) han apelado a la disciplina partidaria, ejerciendo una intensa presión hacia quienes pueden estar inclinados a salvar a Chadwick, sea por razones políticas o de amistad personal, o ambas.

En tal sentido, fuerte ha sido la presión contra José Miguel Insulza (PS), quien la semana pasada confesó su dilema, dada su amistad personal con el ex ministro. Fue como poner un dedo del pie en el agua para probar su temperatura, y estaba fría, muy fría, pues -según cuentan al interior del partido- si el también ex ministro del Interior no vota el libelo, prácticamente quedará excluido de la vida partidaria. Está por verse si Insulza -alguien que como ministro se jugó por traer a Augusto Pinochet desde Londres y quien en estos momentos es muy resistido por la militancia de base y varias facciones- evalúa si tiene en realidad algún futuro permaneciendo en el PS. Es por eso que si hay dos senadores más dispuestos a abstenerse, tal vez Insulza lo haga. 

La tensión PS se extiende también hacia Juan Pablo Letelier, el senador por la Región de O'Higgins, la que también fue feudo electoral de Chadwick, donde desarrollaron cierta cercanía política. Varias fuentes consultadas aseguran que si hay otro senador socialista con alguna disposición a salvar al ex ministro es Letelier, pero también ven remota esa opción, pues piensan que para un socialista es muy caro cruzar este Rubicón sin tener nada claro a cambio.

En la DC el panorama es más complejo aún. Varios observadores de la política partidaria aseguran que los demócratacristianos están dejando caer a Chadwick para así estar libres después para salvar a Sebastián Piñera de su propia acusación constitucional, básicamente por los mismos cargos, pero por un tiempo más extendido. Sin embargo, es conocido el antedecente que indica que el ex senador Andrés Zaldívar -actual presidente del Consejo de Asignaciones Parlamentarias del Congreso- hizo lobby por Chadwick ante los diputados DC, según informó La Segunda. Además, Jorge Pizarro (quien tiene la militancia suspendida mientras no se resuelva su situación en el caso SQM), no estárá en el país, pues aludió la necesidad de asistir a la sesión plenaria ordinaria de la Asamblea Ordinaria Euro-Latinoamericana en Costa Rica, ya que él preside la parte latinoamericana. Si bien el reglamento del Senado dice que puede modificarse el quórum si hay ausencias justificadas, la salida de Pizarro no debiera bajar el número 22 de la meta, pues quedaría 42 senadores en ejercicio, y se necesita igualmente una mayoría, es decir: los mismos 22.

De tal modo, a la fecha ya hay al menos dos situaciones que pueden ser favorables a Chadwick, dejando cero margen de error para alcanzar los votos que hacen falta para aprobar la acusación.

Si bien al parecer Zaldívar paró su cabildeo a partir del reto público que le hizo el camarada Gabriel Ascencio, dentro de la DC son varios los que dicen que unos u otros pueden darse vuelta. Algunos mencionan a Carolina Goic o a Ximena Rincón como eventuales cartas de un eventual salvataje por parte del presidente de la DC, Fuad Chahín, mientras que otros piensan que puede ser Francisco Huenchumilla quien lo salve, tal vez porque recientemente declaró que va a revisar la acusación constitucional en su mérito. Sin embargo, todos quienes echan a rodar esos trompos piensan que sería un suicidio político hacerlo.

Otro frente que ha resultado más difícil de penetrar ha sido el PPD. Ahí, se habla de la posibilidad de que sean Felipe Harboe o Ricardo Lagos Weber quienes no den el voto clave, pero se menciona aquello sin mayores antecedentes que la inclinación de estos por el orden y por apostar a sostener el Gobierno. Otras fuentes, lo descartan de plano por razones similares a las esgrimidas.

En cuanto a los independientes, tampoco se puede descartar el salvavidas de Carlos Bianchi, pero tampoco es claro qué puede ganar el senador, pues en todas las conversaciones se dice que el Gobierno ha dejado a Chadwick a su suerte. Esto, en términos prácticos -de ser cierto- significa que la defensa liderada por Luis Hermosilla no cuenta con la enorme capacidad de ofrecer prebendas gubernamentales a cambio de una abstención. Pero...

¿Chadwick está solo?

Si bien son varios en el Congreso quienes creen que hay un quiebre total entre los primos Sebastián Piñera y Andrés Chadwick, hay razones para pensar lo contrario.

Es cierto que no ha habido un lobby gubernamental desatado en favor del que fuera su ex ministro, aunque algunos dicen que hay algunos democratacristianos hablando en nombre del actual ministro, Gonzalo Blumel. También es verdad que Hermosilla en la defensa que hizo en la Cámara prefiguró que la responsabilidad por los crímenes atribuidos a Chadwick recae en última instancia en Piñera, lo que configura una línea de defensa en la que solo caben dos posibilidades: o los primos están peleando cada uno por su cuenta, o que están coordinados a niveles muy finos.

Más allá del antecedente de Blumel, que INTERFERENCIA no pudo verificar, es importante subrayar la naturaleza de la acusación constitucional, y sus implicancias penales y políticas. En otras palabras, no se trata de cualquier delito, sino de crímenes de lesa humanidad, cuyo argumento más sólido está en que hubo políticas omisivas del Gobierno y Carabineros que perpetuaron prácticas constitutivas de violaciones a los derechos humanos de manera masiva y/o sistemática (cualquiera de las dos califica para ser crímenes de lesa humanidad). El caso más claro es el de los heridos oculares, pues tanto el Colegio Médico y el INDH advirtieron tempranamente de la crisis sanitaria que estaba causando la policía, pese a lo cual no se tomó ninguna medida correctiva, y consecuentemente siguieron sucediendo mutilaciones y graves daños.

El problema está en que los argumentos penales esgrimidos por la Cámara y tal vez refrendados ante el Senado, valen exactamente igual para el presidente Piñera. Es más, para él vale el doble, pues salido Chadwick del poder, el ritmo de violaciones a los derechos humanos se mantuvo igual, a una tasa de 9 heridos oculares graves por día, durante varias semanas. Algo, que compete además al propio Blumel. Además, bajo estado de emergencia, los líderes militares respondían directamente al Presidente, sin pasar por Interior.

Dicho de otro modo, a partir del 18 de octubre pasado hasta que Chadwick dejó el cargo el 28 de octubre, diez días después, se cuentan cerca de 20 personas fallecidas, 1.132 heridos y 127 personas con heridas oculares graves, conforme a datos del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH). Al seis de diciembre, ha aumentado en algunos pocos casos los muertos, pero los heridos son 3.449 y los heridos oculares 352.

De tal modo, una acusación constitucional contra Chadwick implica que el Congreso reconoce al Gobierno de Chile en su conjunto como responsable de graves crímenes, lo que tiene consecuencias en la persecución penal internacional y nacional, donde ya se preparan querellas que son de más largo aliento, pero que amenazan con transformarse en una pesadilla para un Gobierno débil y para su presidente.

Es casi imposible -es cierto-  que Piñera sea destituído por la acusación constitucional espejo de su primo, pues necesita los votos de 2/3 de los senadores, si pasa la Cámara de Diputados, pero si Chadwick fue considerado culpable, la salida libre de Piñera será claramente por razones exclusivamente políticas; para no producir la inestabilidad del país. Es decir, la legitimidad del Presidente entrará en serio riesgo.

Algo suficiente como para pensar en que sí hay una sintonía fina entre primos, pues las consecuencias son muy grandes, por lo que tal vez -a última hora y sin despertar sospechas- la defensa atraiga a los tres senadores opositores que se requiere de su abstinencia para que Chadwick zafe.

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