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Martes, 4 de agosto de 2020
Especial: Elecciones de 1970

La intervención de la Casa Blanca para impedir el triunfo de Allende

Patricia Verdugo (*)

Las intrusiones electorales de Estados Unidos en Chile datan desde comienzos de la década de 1960, con el apoyo del gobierno de John Kennedy a la democracia cristiana local. En este artículo, la autora se refiere a algunos aspectos de la intervención de la administración de Richard Nixon para evitar que un gobierno socialista se instaure en el país a partir de elecciones democráticas.

Ya estamos en 1970, fines de enero. A los 61 años, Salvador Allende inició su cuarta campaña electoral por la Presidencia de Chile. Se le veía contento, estrechando manos, abrazando a la gente, haciendo largos discursos para explicar su proyecto político. Era incansable. Dormitaba por ratos en el auto, el tren o el avión y llegaba a las concentraciones fresco como lechuga.

"En ese sentido, a veces llegaba a ser insoportable. No importaba la hora a que se acostara, siempre se levantaba de madrugada y empezaba a trabajar como si ése fuera su último día. En sus campañas electorales, no hubo nadie capaz de aguantarle el tren de trabajo. Todos cuantos lo intentaron quedaron a medio camino", recordaba el periodista Carlos Jorquera, su secretario de prensa.'

¡Venceremos, venceremos, mil cadenas habrá que romper!" era la frase clave de su himno electoral que miles de gargantas careaban en grandes y pequeñas plazas. Por su parte, Osvaldo Puccio, su secretario privado, rememoraba:

"Allende tenía gran facilidad de comunicación con las masas. La comunicación directa con él no era tan fácil como la que tenía con las masas. Le era más fácil explicar una cosa a diez mil personas que a una sola".'

Parecía como si Chile entero, hasta con sus niños, estuviera movilizado en la campaña electoral. Por Allende, por Tomic, por el derechista Alessandri. Las reuniones en las plazas y las marchas por las calles eran fiestas colectivas, donde la gente saltaba, gritaba, enarbolaba banderas y afiches, sin temor alguno por su seguridad personal. Era, aparentemente, un país sin miedo. No se registraban agresiones entre partidarios de distintos candidatos. Todos se sentían con derecho a manifestarse en público con alegría.

Así comenzó el año 70.

Pero nada sabíamos de lo que estaba ocurriendo en Washington. Allí, casi todos los análisis de Inteligencia apuntaban en la misma dirección: de nada servía apoyar económicamente la campaña del derechista Alessandri. Parecía inútil.

Ya era tanta la fuerza electoral de la izquierda, incluyendo a los progresistas DC que votarían por Tomic, que no quedaba más camino que el sabotaje.

Así, el 25 de marzo de 1970, se reunió en Washington el Comité 40 y aprobó una primera partida de 125 mil dólares para "operaciones de sabotaje" contra Allende. El acta de esa reunión establece que el subsecretario de Estado, Alexis Johnson, no estuvo de acuerdo y anunció "distancia de la operación". Fue consecuente con la postura del Departamento de Estado en los meses previos, una postura que el informe de la Comisión Church (1) resume con estas palabras: "un triunfo de Allende no era lo mismo que un triunfo comunista". Pero el análisis fino de la Cancillería estadounidense nada pudo contra el prejuicio grueso de la CIA, el Pentágono y la misma Casa Blanca. Un prejuicio que el informe del Senado resumió en la boca del entonces embajador de Estados Unidos en Chile, Edward Korry: "un gobierno de Allende sería peor que un gobierno de Castro".

Edward Korry con Hnery Kissinger.

¡Ésa fue la primera de las "acciones encubiertas" de sabotaje que el Comité 40 aprobó para Chile entre los años 70 Y 73! Acciones que tuvieron un presupuesto de casi nueve millones de dólares y que pusieron en marcha el nuevo plan para intervenir en Chile.       .

¿Cómo entró en escena el Comité 40? Es necesario aclarar de qué se trata este organismo antes de seguir con el relato, ya que será protagonista principal de la tragedia chilena. El Comité 40 era un organismo de facto que recibió ese nombre durante el gobierno de Nixon -antes tuvo otros- y lo integraban el presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor, general George Brown; el subsecretario de Defensa Wiliam Clements; el subsecretario de Estado para Asuntos Políticos, Joseph Sisco, y el director de la CIA, Richard Helms. El presidente del Comité 40 fue Henry Kissinger, asistente del Presidente en Asuntos de Seguridad Nacional.

El propósito fundamental de este comité -según lo reveló el Informe Church- era aprobar y "ejercer control político sobre las “acciones encubiertas en el exterior". ¿Ejercer control político para qué? Para que esas acciones fueran tan "encubiertas", tan clandestinas, que (textual) "pudieran ser desautorizadas en el futuro o negadas verosímilmente por el gobierno de los Estados Unidos, o a lo menos por el Presidente , en caso de que fueran descubiertas.

Eso es lo que ocurrió en el caso chileno: las acciones "encubiertas" fueron descubiertas. Y no hubo cómo desautorizarlas o negadas. En septiembre de 1974, el entonces Presidentes Ford tuvo que admitir frente a los periodistas la participación encubierta de Estados Unidos en Chile. Y casi tres décadas después, en el año 2003, el Secretario de Estado Colin Powell volvió a lamentar lo sucedido: "Sobre lo que ocurrió con el señor Allende, no es parte de la historia e Estados Unidos de la cual estemos orgullosos. Ahora tenemos una manera más responsable de tratar estas cuestiones".

No sabemos en detalle todo lo que hizo la CIA para sabotear la candidatura de Allende. El informe habla de la compra de una radioemisora, de subsidios a El Mercurio, de apoyo a una asociación de empresarios. Pero el millón de dólares que se gastó antes de la elección, para influir en sus resultados abre un gigantesco abanico de noticieros, comentaristas y periodistas debidamente "estimulados" para jugarse a fondo contra el candidato Allende. Y es inevitable deducir que los dólares estuvieron detrás de los primeros signos de violencia, de los extraños "activistas" que comenzaron a lanzar golpes, pedradas y hasta bombas molotov.

El 27 de junio de 1970, el Comité 40 aprobó otra partida por 300 mil dólares. Y el informe de la Comisión Church dice que, en el acta, consta que "los funcionarios del Departamento de Estado que estaban presentes en la reunión apoyaron esto a regañadientes".

También el informe habla de "asistencia" a candidatos específicos, pese a que la decisión del Comité 40 fue no apoyar la candidatura del derechista Alessandri. Veamos este punto. La estación CIA en Santiago contrataba encuestas y, en algún momento, esos sondeos indicaron que Alessandri podría ganar. Fue a mediados del año 70. El director de la CIA, Richard Helms, decidió entonces contactarse con John McCone, quien había pasado de la jefatura de la CIA a ser uno de los directores de la empresa transnacional ITT, dueña de la Compañía de Teléfonos de Chile. El caso es que Helms le dijo a McCone que el Comité 40 había acordado hacer un "mínimo esfuerzo" para intervenir en la elección chilena. Así lo testificó el mismo McCone en las audiencias de la Comisión Church.

Henry Helm 

Hubo varias reuniones entre la CIA y la ITT en julio de 1970. La CIA se negó a actuar como puente para entregar fondos de la ITT al comando electoral de Alessandri. "Pero aconsejó a la ITT sobre cómo pasar el dinero a Alessandri", concluyó el informe basándose en el testimonio de McCone, director de la empresa transnacional. De ese modo fue como la ITT inyectó 250 mil dólares al comando electoral derechista y otros 100 mil dólares directamente al Partido Nacional, eje de su campaña. "Una cifra semejante provino de otras compañías norteamericanas", agrega el informe de la Comisión Church.

Entre los dólares de la CIA, la ITT y otras empresas estadounidenses, sumados a los aportes de los empresarios derechistas chilenos, imaginen cómo se fue cubriendo el país con la imagen de Jorge Alessandri como el "salvador de la patria en peligro" frente al otro Salvador que amenazaba con destruirla...

Por esos días de mediados de 1970, ocurrió otro episodio que puso los nervios de punta a la embajada chilena en Washington. Cerca de 200 oficiales y suboficiales de la Marina estadounidense (US Navy) solicitaron visas para entrar a Chile. Fueron peticiones individuales y también en grupos que se hicieron, semana tras semana, durante tres meses. La embajada informó a la Cancillería: demasiados uniformados queriendo ir a Chile sin razón aparente, ninguno había usado la visa aún. Todos eran expertos en comunicaciones, logística, electrónica o inteligencia. ¿De qué se trataba? Se hizo la pregunta al Departamento de Estado. Las explicaciones fueron, literalmente, increíbles. Primero se dijo que se trataba de un "orfeón naval" en gira amistosa. ¡Qué raro, tantos almirantes y altos oficiales dedicados a la música! Cuando la embajada respondió que no había registro de ninguna invitación cursada a un "orfeón naval", se modificó la explicación. Dijeron que se trataba de una misión especial para las bases estadounidenses en la Antártica, la que debía participar en "maniobras anuales de guerra antisubversiva". Un vocero de la Marina, por su parte, explicó que se trataba de un equipo de emergencia "en el marco de la Operación Unitas. Si no hay caso de emergencia, las vIsas no serán utilizadas".

El equipo de la embajada chilena en Washington estaba con los pelos de punta y por distintas razones. Porque el agregado naval era el vicealmirante Arturo Troncoso (luego ministro de Educación de la dictadura) y como agregado militar estaba el general Ernesto Baeza (luego director de Investigaciones en la dictadura).

¿Qué decidió hacer el equipo político de la embajada? Contactó a un periodista del diario The New York Times, Tad Szulc, y se le contó la historia hasta entonces "secreta". Así, el mismo día de la elección presidencial, el más importante diario de Estados Unidos denunció la maniobra bajo el título "Inquietud de Chile por ciertas demandas de visas de la Marina de Estados Unidos". El texto del reportaje terminaba diciendo que ni el Departamento de Estado ni la US Navy "fueron capaces de explicar por qué se necesitaba personal de las maniobras Unitas en Chile cuando este país anuló su participación". IY es que no hubo Operación Unitas en 1970, justamente porque había elecciones presidenciales en septiembre!

La pregunta siguiente es obvia: ¿por qué la US Navy? Veremos a la Marina de Estados Unidos en acción hasta el trágico septiembre de 1973. Porque un Contingency Plan para Chile fue elaborado por la Intelligence Agency del Pentágono y la encargada de ejecutarlo fue la Naval Intelligence Agency, como apoyo al trabajo de la CIA. Y a la pregunta de por qué se eligió a la Marina de Estados Unidos no hay más que una respuesta: la conservadora Armada chilena ofrecía las mejores garantías de colaboración para organizar un golpe militar, como finalmente ocurrió. Y la CIA debía pavimentar el camino...

El Comité 40 volvió a reunirse el 7 de agosto de 1970. Faltaba menos de un mes para las elecciones. La decisión fue la de intensificar el sabotaje contra Allende. Y se recordó a la CIA que -salvo inyectar recursos en los radicales del ala derechista, para reducir la votación de Allende- no debían gastarse más recursos en la candidatura presidencial de la derecha.

El informe de la Comisión Church -con testimonios y documentos a la vista- fue muy claro para resumir lo que sucedió en esa campaña electoral de 1970. Comprobó que la CIA trabajó con todos los medios de comunicación posibles y que subsidió a grupos femeninos y a "frentes cívicos" de derecha. Aparte de la enorme campaña de propaganda, buscó "dividir al no-marxista Partido Radical".

Aseguró el informe que la CIA usó también "propaganda negra". ¿En qué consistía ésta?: en "material que se atribuía falsamente a un grupo", explica el Informe Church, para provocar divisiones entre comunistas y socialistas, entre la Central Única de Trabajadores (CUT) y el Partido Comunista. Se pagaba a periodistas, se financiaban programas de radio, se pagaba tanto a editorialistas como a reporteros. Hasta había equipos de rayado callejero y una campaña de afiches con tanques soviéticos entrando a Santiago. Se anunciaba el fin de la religión católica, el fin de la vida familiar y hasta de la patria. Toda la tradición en peligro.

El Informe Church aseguró:

Otros colaboradores, todos empleados de El Mercurio, permitieron que la oficina local generara más de un editorial al día basado en orientaciones de la CIA. El acceso a El Mercurio tenía efecto multiplicador: sus editoriales eran leídos en todo el país a través de varias cadenas radiales. Más aún: El Mercurio era uno de los diarios más influyentes de Latinoamérica, en particular en círculos de negocios del extranjero. Una operación que colocó notas en la prensa y radio, reportó en 1970 una audiencia de bastante más de cinco millones de personas.

Al anotar las consecuencias de esas acciones, el Informe Church consigna que esa "campaña del terror contribuyó a la polarización política y al pánico financiero de la época. Temas que se habían desarrollado para la campaña fueron explotados con más intensidad durante las semanas posteriores al 4 de septiembre de 1970, en un esfuerzo por causar pánico financiero e inestabilidad política suficientes para provocar que se movilizaran el Presidente Frei o los militares chilenos".

iAhora ya va quedando claro lo que nos pasó! Lo dicen senadores de Estados Unidos tras hacer una investigación seria y profunda. Y pasó lo que pasó porque, como dijo Henry Kissinger durante una reunión en la Casa Blanca, "no veo por qué tenemos que sentarnos a esperar viendo cómo un país se vuelve comunista debido a la irresponsabilidad de su propio pueblo". ¡Fuimos catalogados como un pueblo irresponsable! Y el "gran papá" tendría que imponer orden si tomábamos decisiones erradas...

Henry Kissinger

Anotemos, para cerrar este capítulo, que en medio de esa campaña del terror -como la calificó el Informe Church- la tensión hizo mella en el candidato Allende. Al punto que su corazón se lanzó en desbocado galope, amenazando detenerse de golpe y para siempre en la calle San Antonio, pleno centro de Santiago. Se autodiagnosticó el preinfarto -era médico, recuerden- y tuvo la sangre fría para decidir los pasos a seguir. Pidió ayuda al amigo que lo acompañaba y abordó un taxi para ir a la consulta de un amigo cardiólogo. Allí superó la emergencia y salió rumbo a su casa, en calle Guardia Vieja, con orden de reposo absoluto. Y él agregó otra orden: secreto absoluto. Muy pocos, contados con los dedos de una mano, supieron de la emergencia. Su hija Beatriz, médico también, y su amada Payita se turnaron día y noche junto a su cama para cuidarlo. Hasta que pudo retornar a la campaña en la fase final y definitiva.

Con un electorado que parecía dividido en tres tercios, donde la conquista de cada voto era crucial, la noticia del preinfarto del candidato Allende podía restar muchos sufragios. Él lo sabía como el ducho político que era. Pero quien pareció no entender la importancia política de mostrarse "potente" fue el derechista Alessandri. Y la historia consigna como un momento clave el debate final de campaña transmitido por televisión. Mal maquillado y con la mano temblorosa sobre la mesa, Alessandri mostró el aspecto de un anciano decrépito.

El embajador Korry debió tener un ataque de mal humor esa noche. Tantos dólares gastados para sabotear la candidatura de Allende y tantos dólares inyectados a la candidatura de Alessandri ipara terminar con este fiasco! El poder de la televisión había llevado a los candidatos a los hogares de millones de chilenos. Los habían visto en primeros planos, habían estado a escasos centímetros de sus rostros. Y de los tres, sólo Alessandri parecía tan distante de la imagen de los multicolores afiches y lienzos con que se tapizaron ciudades y campos, desde Arica a Punta Arenas, desde las caletas de pescadores hasta los pueblitos de alta montaña.

Cuatro de septiembre de 1970. El día en que los chilenos fuimos a votar, nunca imaginamos -pese a lo duro de la campaña electoral- que estábamos en la mira de un hombre que, en sí mismo, representaba todo el poder de los Estados Unidos: Henry Kissinger. Uno de sus colegas en el Consejo de Seguridad Nacional, Roger Morris, comentó: "No creo que nadie en el gobierno comprendiese cuán ideo- lógico era Kissinger en la cuestión de Chile. Nadie supo ver que Henry consideraba a Allende como una amenaza mucho más peligrosa que Castro. Si Latinoamérica tomaba conciencia alguna vez, no sería por Fidel Castro. Allende era el vivo ejemplo de la reforma social y democrática en América del Sur. Ocurrían en ese momento hechos desastrosos en el mundo, pero sólo Chile asustaba a Henry".

(1) El Comité Church, formalmente conocido como Comité Selecto del Senado de los Estados Unidos para el Estudio de las Operaciones Gubernamentales Respecto a las Actividades de Inteligencia, fue un comité del Senado de Estados Unidos que investigó las sospechas existentes sobre las acciones y operaciones de los servicios de inteligencia y de seguridad, y los abusos que de estos servicios hizo la Oficina Ejecutiva del Presidente de los Estados Unidos. Fue presidido por el senador de los Estados Unidos Frank Church, senador demócrata elegido por el estado de Idaho. El comité estuvo operativo entre 1975 y 1976.

(*) Patricia Verdugo, Premio nacional de Periodismo, falleció en  enero de 2008. Este texto fue tomado de su libro “Allende. Cómo la Casa Blanca provocó su muerte”; Editorial Catalonia; Santiago; 2003.

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