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Martes, 13 de noviembre de 2018
Poca innovación, muchos despidos

Lágrimas de cocodrilo: la crisis que la TV chilena decidió ignorar

Claudia Urquieta Ch.

Los recientes despidos masivos en los canales de TV vienen a confirmar, en general, dos cosas: la mala gestión financiera de sus dueños y ejecutivos, y la miopía de una industria que no ha sabido o querido adaptarse a los cambios en los patrones de consumo medial. Por ello, su única respuesta ante la crisis ha sido la de reducir costos.

“En los últimos 4 años Canal 13 ha perdido 52 mil millones de pesos. Lo que la administración está haciendo hoy, es tomar todas las medidas, por dolorosas que sean, para intentar hacer viable el Canal”. Así respondía Andróniko Luksic a un usuario que por twitter le pidió explicaciones por el despido de 300 trabajadores en mayo de este año.

Una salida que han adoptado en mayor o menor medida todos los canales de televisión abierta chilena. El último episodio fue el miércoles pasado, cuando se anunció la salida de 80 trabajadores de TVN y de otros 19 de Mega, que marca números azules. En el caso de la señal estatal, se avizoran más desvinculaciones, en el marco del plan de “retiro programado” que busca palear las millonarias pérdidas acumuladas, que a diciembre de 2017 sumaban US$ 91 millones.

Un escenario devastador. Pero que se veía venir desde hace más de una década, cuando las alarmas empezaron a encenderse no sólo entre los canales sino en el mundo de los medios de comunicación ante la inminente revolución digital, que terminó cambiando radicalmente la forma de consumo de información y que sobre todo modificó los ingresos por publicidad, su bastión financiero.

Según datos de la Asociación Chilena de Publicidad (Achap) los US$1.230 millones invertidos en publicidad en 2017, se repartieron principalmente entre la televisión (35%), los diarios (20%) y el mundo online (19,7%).

El informe sobre inversión en comunicaciones, que se realiza anualmente, detalla que sin considerar la inversión “online” -que aumentó en 15%- el año pasado hubo una disminución de 4,6% en la inversión publicitaria en comparación a 2016. En el caso de la televisión abierta la baja fue de 2,6%. Mientras que los diarios disminuyeron 9,9% y las revistas aún más: 15,2%.

La inversión publicitaria online alcanzó los US$ 243 millones. Diversas fuentes ligadas al mundo publicitario y de medios, señalan que al igual que la tendencia mundial, de este total alrededor de un 80% fueron a parar a plataformas como Facebook y Google, una tajada importante que los medios tradicionales han resentido y que no tiene vuelta atrás.

Pero la reacción y las medidas para enfrentar este cambio radical, han sido lentas y centradas principalmente en tercerización y abaratar costos en base a despidos, que en los últimos  años y sólo en los canales, sumarían alrededor de mil desvinculaciones.

En opinión de Miguel Paz, profesor del Master de Periodismo de la City University de Nueva York, “hay empresas que hacen recortes para sobrevivir. Otras que invierten para ganar. Y aquellas que hacen una mezcla de ambas cosas. La industria de la televisión chilena, casos menos y casos más, ha optado más por lo primero hace al menos una década. A sabiendas de que muchos expertos y profesionales de los propios canales les alertaban que un tsunami como nunca antes visto llegaría en cualquier momento”.

Eso, asegura el ex subdirector de El Mostrador y fundador de Poderopedia, “en buena medida, tiene que ver con que no hay consciencia de la importancia de reclutar a los mejores talentos para tener directorios profesionales y diversos, mediante procesos de contratación abiertos a todas y todos. Lo que se repite en los altos cargos ejecutivos y permea toda la cultura de una empresa. El resultado: gobiernan los mediocres (…) los directorios son más reflejo de una ecuación precaria de balances de amistad, política y negocios entre amigos, que un equipo altamente especializado. Y mientras había plata y los canales ganaban mucha, esa mediocridad pasaba desapercibida. Porque era como una ola larga y bajita en la que todos parecen surfistas expertos. La ola de ahora mide 40 metros y son pocos los que tienen la experiencia y talento para montarla sin matarse”.

En esa línea, Paz asegura que “tratar de hacer cambios y adaptarse exitosamente en un gran medio legacy es dificilísimo. Es como pilotar un Boeing 747 repleto de pasajeros y cuando estás a 10 mil metros de altura, se comienzan a incendiar las turbinas y tienes que ver como apagar el fuego sin aterrizar. Es una tarea titánica que únicamente se logra con las y los mejores. Eso abre el campo para que aparezcan nuevos medios que se aprovechen de la debilidad estructural de los grandes medios y sirvan de verdad a la ciudadanía y a comunidades de audiencias específicas”.

Los resultados financieros han sido negros para la industria televisiva.En el caso de TVN incluso se apostó a una capitalización extraordinaria por US$ 47 millones, que fue aprobada en enero pasado por el Congreso. Pero por ahora sólo recibirá menos de la mitad: US$ 22 millones. Decisión que fue anunciada por la Dirección de Presupuestos el mismo día que el canal anunciaba los últimos despidos.

Además de problemas económicos, la estación estatal enfrenta serios cuestionamientos por supuestas irregularidades en los contratos de altos ejecutivos. Así lo reveló un informe de la contraloría interna del canal sobre los contratos de trabajo del director ejecutivo, Jaime de Aguirre, y de los principales ejecutivos. La información, que fue publicada por La Tercera el 17 de julio pasado, detalla que el contrato de De Aguirre –que entre otros puntos incluye un sueldo base mensual de 18 millones de pesos y un bono por cumplimiento de metas de hasta cuatro sueldos brutos base mensual- fue firmado casi dos semanas antes de que estas condiciones fueran aprobadas por el Comité Económico del canal. Y que además se incluyeron otras condiciones contractuales sin la aprobación del directorio.

Por otra parte, el informe cuestiona la gestión de De Aguirre, señalando que no informó ni al Comité Económico ni a los miembros del directorio las condiciones de contratación del gerente general, del gerente de producción y del subdirector de programación.

A raíz de esta situación, el 31 de julio se acordó crear una comisión investigadora en el Congreso. Ante la comisión, Jaime de Aguirre adelantó que se harían ajustes de personal y aseguró estar en desacuerdo con transparentar los salarios de ejecutivos y de rostros de la señal televisiva, argumentando que “perjudica  la competitividad” del canal, ya que si esto se hiciera obligatorio, los demás canales que son privados, no tendrían que hacerlo, y estarían “ peleando con un brazo amarrado comparado con nuestros principales competidores”.

Entre la información recabada por la instancia liderada por Marcelo Díaz (PS), se encuentran las millonarias pérdidas que ha enfrentado TVN. Según un informe solicitado a la Biblioteca del Congreso Nacional sobre los estados financieros de la estación entre 2000 y 2017, el 2014 -año en que el ex ministro del Trabajo Ricardo Solari  asumió la presidencia del directorio- marcó un cambio en los resultados, hasta entonces positivos.

El informe señala que las pérdidas han afectado al patrimonio de la empresa, que se ha reducido desde más de 77 mil millones de pesos en 2013 a poco más de 20 mil millones en 2017.

“En términos reales, medido en pesos constantes de 2017, el patrimonio se ha reducido en un 67,1% entre 2000 y 2017”.

En el caso de Canal 13, reportó sus primeras ganancias en cuatro años por $1.933 millones (US$ 2,9 millones) durante el primer semestre. La clave, según señaló a La Segunda el director ejecutivo de la estación,Javier Urrutia, fue la reestructuración y reducción de costo.

Fue el único canal de los grandes junto a Mega con tímidos números azules. En el caso de la estación del grupo Bethia, ligado a Carlos Heller, cerró el primer semestre con ganancias por $1.145 millones (US$ 1,7 millones).

En tanto, Chilevisión, controlado por el grupo Turner, cerró el primer semestre con pérdidas por $6.884 millones (US$ 10,6 millones).

Para Claudia Lagos, académica de la Universidad de Chile y autora del libro “El Diario de Agustín”,efectivamente las dificultades económicas de los medios están relacionadas con los cambios tecnológicos, pero este cambio  “no fue de la noche a la mañana y es un cambio que la industria sabía que estaba en proceso. Por lo tanto, hay ahí una miopía en cómo abordarlo. No ha habido planes de abordar la producción de contenidos de manera convergente sino que los medios, impresos o audiovisuales y los digitales también, han pensado en plataforma única: la página web produce para web, sin aprovechar todas las potencialidades del lenguaje digital. La tele produce para la tele y con esfuerzos muy tímidos de integrar distintos lenguajes en distintos momentos en un mismo producto. Ahí, la industria ha pecado de conservadora”.

De esta forma, el foco ha sido tercerizar, como en el caso de Canal 13 y Secuoya, cerrar medios -Revistas Paula y Qué Pasa de Copesa- fusionar salas de redacción como en el caso de La Hora y La Cuarta,  y Teletrece y 13 Cable. O reducir espacios, como la unidad de investigación de la Radio Bío Bío. Todo de la mano del despido de personal.

Lagos, que está finalizando un doctorado en Comunicación de la Universidad de Illinois, destaca que lo sucedido esta semana no será ni la primera ni la última ola de en los medios en el país “pues los proyectos editoriales están supeditados al proyecto comercia (…) Sin embargo, los despidos masivos en medios, el cierre de áreas de prensa en canales o el cierre de medios completos, y el apriete a través de las condiciones materiales y laborales de sus trabajadores son síntomas y características de un sistema de medios financiado totalmente a través de audiencias y publicidad. En Chile no hay un sistema de medios público que de alguna manera matice este estado del arte”. 

Por su parte, Eduardo Arriagada, decano de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica (PUC) considera “que el problema es la falta de contenidos atractivos capaz de generar audiencias. Lo que es caro es tener canales abiertos sin audiencias con valor comercial. Hay productos locales que permiten competir con el generalismo de Netflix, pero no es la misma TV de siempre realizada con menos profesionales (en forma barata). Creo que las Universidades tenemos que cambiar la forma de relacionarnos con los medios en crisis: hay que experimentar con formatos que solo se pueden hacer con alumnos; hay que realizar periodismo de investigación... lo dramático de cada despido medial es que se empuja a un periodista hacia el mundo político y corporativo, la sociedad pierde un reportero, quizás para siempre”.

Las crisis del papel y la democracia 

La crisis que enfrentan los medios no es un fenómeno sólo en Chile, sino a nivel mundial. El libro “La Reinvención del The New York Times”, del español Ismael Nafría, detalla el intenso y largo proceso que inició hace dos décadas el reconocido medio para preparase ante la revolución digital, que trajo consigo el desmoronamiento de un modelo de negocios basado en la publicidad que empezó a migrar hacia las nuevas plataformas digitales como FBK y Google, y que modificó la manera de consumir información por parte de los usuarios, hoy liderada por los teléfonos móviles.

De esta forma, los medios tradicionales, especialmente los periódicos, han entrado en crisis.

En Chile también. De hecho, diarios y revistas enfrentan la mayor baja en inversión publicitaria. Es así como, según información de Achap, los diarios bajaron drásticamente su participación en la torta publicitaria: de un 35% en 1997 a un 20% en 2017. En tanto, las revistas pasaron de un 6,4% a un 1,9%. La televisión abierta en tanto, cambió en ese período de un 42% a un 35%.

Los medios de papel también han optado por los despidos. En el caso de Copesa, de Ávaro Saieh, la fusión de La Cuarta con La Hora implicó el despido del equipo completo de esta última. Lo mismo con el cierre de las revistas Paula y Qué Pasa. O la unión de Pulso con La Tercera, que implicó despidos y la desaparición de la sección Negocios.

En el caso de El Mercurio, en 2017 se desvincularon a 122 trabajadores, por la decisión de externalizar la impresión de sus productos.

Más allá del cambio en el negocio por la publicidad, en opinión de Juan Andrés Guzmán, ex director de The Clinic, “la crisis general por la que pasa hace tiempo el periodismo chileno está vinculada con la crisis de la democracia. Esta crisis se manifiesta en el descrédito que sufren instituciones clave, como los partidos políticos, y sobre todo, en la pérdida de votantes. Así como la democracia pierde votantes, los medios pierden lectores, auditores, audiencias”.

El coautor del libro “Empresarios zombis” y magíster en Investigación de Políticas Públicas de la Universidad de Bristol, sostiene que “la misma frustración y desconfianza que aumenta la abstención electoral hace que el periodismo de calidad pierda público y, por lo tanto, sea crecientemente difícil de financiar. El desafío de las nuevas tecnologías, a las que se culpa de la crisis, es un
factor importante, pero creo que la parte más compleja tiene una raíz política”.

Para Guzmán “la crisis de periodismo es la crisis de un dispositivo que alguna vez influyó mucho en áreas claves del poder y que ya no sirve para eso. Y no sirve no porque los actuales periodistas no sean tan buenos o tan creativos como los de antaño. No sirve porque algo está roto en la democracia, en su capacidad de restablecer la justicia. La forma asquerosa en que terminó el escándalo del financiamiento ilegal de la política muestra la resistencia que tiene el poder y lo débiles que son hoy los medios de comuniación. Tiendo a pensar que detrás de ese desequilibrio de poder está la excesiva concentración de la riqueza. Por ello creo que la crisis del periodismo y de la democracia, no se solucionarán sin reformas políticas que sean firmes con la corrupción,  pero sobre todo, que vuelvan a hacer que las decisiones importantes las tomen las mayorías”.

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Me gustaría conocer la solución a los problemas de la TV de aire que propones tú, Claudia. No la he encontrado en la nota que has escrito.

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