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Sábado, 23 de febrero de 2019
Viajeros

Tras la huella venezolana en Sudamérica

Nicolás Massai D.

Yoharlis Linárez, lingüista, y Emilio Useche, politólgo, son dos académicos de Venezuela que investigan y registran el fenómeno migratorio de sus compatriotas a lo largo y ancho de Sudamérica. Un fenómeno que cuenta 3 millones de historias de venezolanos obligados a salir de su país.

Yoharlis Linárez, lingüista, y Emilio Useche, politólgo, son dos profesionales venezolanos quienes el 27 de noviembre de 2017 decidieron dejar Venezuela por un tiempo. Pero, a diferencia de los cerca de 3 millones de venezolanos que se estiman han dejado el país huyendo de la más grave crisis económica, social y política de Sudamérica de este siglo, no se fueron obligados. Se fueron a ver con sus propios ojos la vida que sus compatriotas se veían forzados a seguir.

Partieron desde Capacho, estado de Táchira. Llevaban 900 dólares en efectivo y un aval académico de la Universidad de Los Andes de Mérida, a la que le presentaron el proyecto Huellas en el Sur, que consiste en investigar y registrar las condiciones de los migrantes venezolanos en Sudamérica. Situación que por estos días los tiene en Chile, justo cuando se desencadenó la asonada diplomática que elevó la crisis política de su país y con ganas de conversar con INTERFERENCIA de algo más que de los acontecimientos que hoy llena las portadas de los periódicos.

Es que estos académicos querían estudiar las caras detrás de las cifras de migración. Ambos habían trabajado en Iniciativa Venezuela 2020, un movimiento político universitario reticente a la polarización reinante en Venezuela y equidistante del oficialismo y la oposición.

Huellas del Sur es el proyecto que les permite conocer la realidad y las diferencias de la diáspora venezolana en Sudamérica, el que terminará en dos libros: una crónica de viajes y una reflexión académica.

“Nuestra hipótesis de trabajo es que la crisis de nuestro país se debe al fracaso del modelo económico rentístico petrolero, que viene desde 1914, que generó una cultura de la renta, del consumo y una forma de relacionarnos como sociedad en lo político, económico y social, y que se perdió producto de la crisis generalizada a raíz de la falta de inversión de esta misma renta en la construcción de un aparato productivo nacional. El venezolano hoy está migrando en la búsqueda de ese estatus de vida que tuvo en algún momento”, dice Useche.

Hace más de un año que vienen recorriendo distintos países del sur americano que han sido destino de personas que arrancan de Venezuela. Acorde a la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) de Naciones Unidas, hacia agosto de 2018, el número de refugiados y migrantes venezolanos alcanzó los 3.000.000. De estos, 2.400.000 están desplazados por América Latina y el Caribe, siendo Colombia el destino más común (1.000.000), luego Perú (500.000), Ecuador (220.000), Argentina (130.000), Chile (100.000) y Brasil (85.000).

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Plaza García Rivero de Bucaramanga. Concentración de migrantes venezolanos que vivien en esta plaza. Foto: Huellas en el Sur
Plaza García Rivero de Bucaramanga. Concentración de migrantes venezolanos que vivien en esta plaza. Foto: Huellas en el Sur

“Esa es la cifra oficial. Consideramos que puede estar cerca de los 5.000.000, porque es fácil salir de manera irregular de Venezuela, a Colombia y a Brasil”, dice Linárez.

Ambos investigadores afirman que, independientemente del número, sus compatriotas tuvieron distintas motivaciones para migrar. No es lo mismo aquellos que se fueron en 2002 a los grupos que se fueron de Venezuela a partir de 2015.

“Las de 2002, cuando se le da el golpe de Estado a Hugo Chávez, la élite de PDVSA fue despedida y se fue a encabezar las nóminas de altas empresas petroleras de Colombia, Estados Unidos y Europa. Hubo otra ola migratoria en 2012, ya de una clase media con profesionales calificados, con medios económicos, que instalaron negocios", dice Useche.

"A partir del 2015 es otra historia, pues es cuando se da la crisis de los precios del petróleo, cuando el gasto público empieza a dejar de ser cancelado, porque deja de haber bonanza, hay impago de la deuda pública, entonces empieza a haber escasez”, complementa el investigador.

Desde ese año en adelante, entonces, los ciudadanos venezolanos comienzan a buscar una mejora en su calidad de vida, arriesgándose, según un texto de los académicos, a situaciones de “incertidumebre, sometiéndose a las inclemencias climáticas, al hambre, los controles migratorios, las redes de trata y tráfico de personas y proxenetas, vejámenes y un sinnúmero de situaciones que atentan contra la dignidad y los derechos de las personas”.

La migración responde a distintas motivaciones, según época y país de destino, pero el fenómeno tiene en común la enorme capacidad de adaptación de los venezolanos a los nuevos entornos. 

Las distintas olas de inmigrantes venezolanos han ocupado plazas laborales variadas en los países que los han recibido. En la mayoría de los casos que observan los investigadores, predomina la informalidad. “En Colombia conocimos un caso de un joven de 25 años, profesional, comunicador social, de clase media alta, que se vestía muy bien y que se montaba en el transporte público a decir que él era un profesional, que no tenía dinero. Esto es algo que se están dando mucho, que se conocen como los charleros”, dice Linárez.

A lo largo de este desplazamiento, tanto Linárez como Useche aseguran que, dentro de las más de 150 entrevistas que han realizado –en Colombia, Perú, Argentina, Ecuador y Bolivia– encontraron un denominador común en los inmigrantes. “Han desarrollado una gran capacidad para resolver y conocer las ventajas de cada sistema con el que deben lidiar", aseguran.

“Venezuela no es solamente lo que venden los medios de comunicación, de lucha polarizada, de confrontación. Nuestro país también es la disposición de un pueblo a poder salir adelante, y nosotros queremos hacer un llamado a la consciencia y a la toma de responsabilidad ciudadana, en esta ola oscura que vive nuestra República”, dice Useche.

Los viajeros investigadores están hace poco en Chile, por lo que no quieren apresurar conclusiones, pero les parece que sus compatriotas lo perciben como un "destino final" y no una etapa del periplo migratorio.

En el caso de Chile, los investigadores todavía no se animan a sacar conclusiones, pues están hace poco en el país. Pero aventuran que Chile es mirado como un "destino final" y no como una etapa intermedia, como sucede en Colombia, donde las condiciones son más duras y la mirgración más intensa.

Este viaje de ambos finalizará el próximo 14 de noviembre de 2019, y el resultado será dos libros: uno de crónicas de viaje con la migración como tema central, y el otro un análisis del fenómeno migratorio, cuyo corte será más académico y de autoría colectiva, donde participaran varios docentes y especialistas en temas migratorios de la región. 

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