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Jueves, 20 de septiembre de 2018
DC-PC: Archivo histórico

“Golpear juntos, marchar separados”

Interferencia

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Luis Corvalán y Eduardo Frei Montalva
Luis Corvalán y Eduardo Frei Montalva

Reproducimos el reportaje de Victor Herrero de 1998 en revista Qué Pasa, donde reveló que en los 70, Frei Montalva realizó gestiones para sellar acuerdos confidenciales entre la DC y el PC para actuar en conjunto contra la dictadura. 

Uno de los episodios más desconocidos de los primeros años el exilio chileno, fue el temprano y abortado intento de establecer una alianza política entre la DC y el PC chilenos para combatir conjuntamente al régimen militar. Sus protagonistas principales fueron el ex presidente y el líder de la DC Eduardo Frei Montalva, quien en todo momento supervisó la operación, y el secretario general de los comunistas criollos –en ese entonces recientemente liberado por la Junta Militar–, Luis Corvalán.

Uno de los primeros pasos en esa dirección se produjo a principios de 1976 en Washington. En la ocasión, Frei Montalva tuvo una reunión en la capital estadounidense con el miembro del comité central del PC y último rector de la Universidad Técnica del Estado previo al golpe militar, Enrique Kirberg. El prestigioso académico, quien luego de pasar por los campos de detención en Isla Dawson, Puchuncaví y Ritoque, estaba instalado desde hacía varios meses en Estados Unidos, país en el que continuó sus actividades docentes hasta que regresó a Chile en 1987.

En la cita confidencial, Frei le propuso a Kirberg que ambas colectividades podrían iniciar una suerte de “cooperación secreta”. La idea del líder DC era que la colaboración entre ambos partidos no se plasmara en la suscripción de un pacto que asumiera la política que promovían en ese entonces los comunistas de formar un “frente antifascista”. Para seguir avanzando en las conversaciones, Frei le dijo a Kirberg que enviaría como emisario personal a Moscú, para que se reuniese con la dirigencia comunista, al abogado Máximo Pacheco.

Para Máximo Pacheco la capital rusa era territorio conocido. Bajo el gobierno de Frei Montalva había sido embajador chileno en la URSS. Pero la misión que en los aún tibios días de septiembre de 1976 lo llevaba a Moscú sí era nueva. Su tarea era entrevistarse con el secretario general del Partido Comunista, Luis Corvalán.

En el manifiesto, que fue firmado por ambos dirigentes el 11 de septiembre, se asegura que los dos partidos “unirán sus fuerzas en la lucha contra la dictadura”.

La tarea, según consta en los archivos del comité central del Partido Socialista Unificado (SED), era precisa: sondear con la dirección comunista instalada en la URSS las posibilidades de acciones conjuntas contra la Junta Militar. De vuelta a Santiago debía transmitir las eventuales exigencias del PC para colaborar con un gobierno democrático post Pinochet.

Pacheco logró más de lo esperado. Junto a Corvalán elaboró un documento conjunto que, a grandes rasgos, establecía las bases de un accionar común. En el manifiesto, que fue firmado por ambos dirigentes el 11 de septiembre, se asegura que los dos partidos “unirán sus fuerzas en la lucha contra la dictadura”. Más allá de todo lo esperado, el representante demócrata-cristiano logró arrancarle un compromiso al PC, buscado infructuosamente durante los últimos años. Corvalán estaba dispuesto, “en pro de la causa común”, a que su partido no participara temporalmente en un gobierno de sucesión al régimen militar.

En los hechos, esto significaba que la diplomacia democratacristiana estaba a punto de lograr uno de sus grandes anhelos: constituir un amplio “frente democrático”, pero no sobre la base de la unidad “antifascista”, como lo postulaban los partidos de la Unidad Popular desde Berlín, La Habana y Moscú, sino bajo el manto centrista de la DC.

Sin embargo, los comunistas pedían una moneda de cambio, lo que también quedó claramente acordado. La exigencia comunista implicaba la creación de un mecanismo interno en el eventual futuro gobierno democrático, que le permitiera al PC ejercer cierta influencia sobre éste sin tener que participar directamente en él.

Por último, Corvalán le dio plenas garantías a Pacheco de que el PC no manifestaría una oposición abierta frente a la DC dentro del movimiento democrático, como sí lo habían hecho algunos sectores socialistas.

De esta manera culminaba un largo y silencioso proceso de acercamiento entre la DC y el PC, el que tuvo sus primeros signos de vida aun en las últimas semanas del gobierno de la Unidad Popular. El sector más izquierdista de la DC, encabezado por Radomiro Tomic y Andrés Aylwin, entre otros, había entablado negociaciones con los partidos de la UP, pero los secretarios generales del PS y del Mapu, Carlos Altamirano y Oscar Guillermo Garretón, “hicieron fracasar todo, como siempre”, como sostuvo Luis Corvalán en una conversación con un funcionario de la RDA en 1977.

Los primeros contactos en los años del exilio se produjeron en 1974. En septiembre de ese año, Volodia Teitelboim, como jefe de la dirección exterior del PC con sede en Moscú, viajó a Roma para entrevistarse con Bernardo Leighton y Gabriel Valdés. Fue un primer acercamiento tímido, tras el cual no se llegó a resultados concretos. Además, los comunistas estaban informados por el Departamento de Relaciones Internacionales (AIV) del SED, que los democratacristianos habían tenido una conversación similar con Carlos Altamirano. En ésta, los dirigentes le propusieron “reunirnos dos veces al mes para crear un centro de consulta” entre la DC y la Unidad Popular. Sin embargo, Teitelboim no fue informado de estos encuentros y de sus resultados, por lo que el PC supuso que se guardaban un as bajo la manga.

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Volodia Teitelboim / Memoria Chilena
Volodia Teitelboim / Memoria Chilena

Paralelamente la DC, a través de Felipe Herrera, un antiguo amigo de Altamirano y ex presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, discutía un proyecto de alianza entre la DC y los radicales y los socialistas. El cálculo era que podrían contar con la tolerancia del PC y otros grupos menores sin tener que incorporarlos directamente a un nuevo gobierno post Pinochet. Esta idea maduró en 1976 con el acuerdo DC-PC suscrito en Moscú.

Ya a fines de 1974, la dirigencia del partido de Frei había establecido un lazo permanente con el PC. El encargado de llevar delante esas conversaciones era Claudio Huepe, subsecretario general del gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle.

El SED, que siempre estuvo al tanto de estas movidas políticas, abogaba también por una unidad en la acción con la Democracia Cristiana. En una conversación a fines de año con el representante del PC en la RDA, Orlando Millas, Hermann Axen –miembro del buró político del SED y uno de los más altos funcionarios del régimen alemán– lo instó a “lograr conquistar a gente como Bernardo Leighton para que ingresen al frente antifascista. Tenemos que apoyar moral y políticamente a este sector de la Democracia Cristiana. Dicho de paso –continuaba Axen– podríamos invitar a Leighton a la RDA para ayudarlo”.

Durante los meses siguientes, la DC desarrolló la estrategia de llevar a cabo reuniones con cada partido de la UP por separado. En una reunión interna celebrada en 1976, en la que participaron, Andrés Zaldívar, Tomás Reyes Vicuña, Patricio Aylwin, Claudio Orrego, Jaime Castillo y Mariano Fernández, los dirigentes de esa colectividad discutieron esta posibilidad y manifestaron sus dudas sobre el futuro rol de los comunistas.

Sin embargo, en un informe escrito presentado por Manuel Cantero, miembro de la comisión política del PC, al Departamento de Relaciones Internacionales del SED el 29 de enero de 1976, se aseguraba que “existe un fortalecimiento de aquellas fuerzas (en la DC) a favor de una acción común con el PC y la UP en general. Su principal representante es Jaime Castillo Velasco”.

Jaime Castillo Velasco le explicó a Teitelboim cómo se imaginaba la cooperación. “Cada uno tiene que permanecer como es”, le manifestó. “En el exterior proponemos la siguiente divisa: golpear juntos, marchar separados”.

A fines de ese año, el análisis de los comunistas se vio confirmado. Así, previo a la cita entre Máximo Pacheco y Luis Corvalán, se produjo el encuentro entre Frei Montalva y Kirberg en Estados Unidos.

Para concretar y profundizar el pacto, en noviembre de 1976 Volodia Teitelboim viajó nuevamente a Roma donde se entrevistó con Jaime Castillo, entonces uno de los vicepresidentes del partido. Este le dijo que Bernardo Leighton estaba entusiasmado con el documento firmado en Moscú. Acto seguido, Castillo le explicó a Teitelboim cómo se imaginaba la cooperación. “Cada uno tiene que permanecer como es”, le manifestó. “En el exterior proponemos la siguiente divisa: golpear juntos, marchar separados”.

Le explicó también que el PC tenía que entender que la Democracia Cristiana no podía aparecer públicamente muy cercana a partidos de la UP, ni menos reconocer que se estaban manteniendo conversaciones. “Eso daña nuestra imagen y fuerza opositora”, sostuvo Castillo.

Continuó exponiéndole que la DC estaba dispuesta a conversar con los comunistas sobre el futuro del país, y que él, personalmente, se encargaría de “mantener a raya cualquier polémica por el pasado, que sólo alarga la vida de la dictadura”.

Castillo instó al PC para que le bajara el perfil a su rol en el ámbito público. No obstante, lo instaba a continuar realizando “su excelente labor clandestina en Chile”.

Y en ánimo conciliador el dirigente DC prosiguió que en ese entonces su colectividad entendería mejor algunas de las posiciones asumidas históricamente por el PC. En ese sentido, por ejemplo, comprendían el rol desestabilizador que habían jugado las empresas multinacionales en la caída de Allende. También le manifestó que compartían las dudas de los comunistas sobre el rol de las Fuerzas Armadas. “Ahora también los democratacristianos creemos en la necesidad de tener ciertas garantías respecto a las Fuerzas Armadas”, le aseguró a Teitelboim.

En definitiva, Castillo Velasco instó al PC para que le bajara el perfil a su rol en el ámbito público. No obstante, lo instaba a continuar realizando “su excelente labor clandestina en Chile”.

Mientras tanto, en mayo de 1977 estalló en Chile la confrontación abierta entre el régimen militar y la Democracia Cristiana, colectividad que hasta ese momento se había salvado de una represión tan dura como la que enfrentaron los partidos de izquierda. Después de que el régimen en Pinochet le declarara abiertamente la guerra, varios de sus divergentes se pusieron en campaña para lograr manifestaciones de apoyo internacional. Con ello, no hacían más que repetir las tácticas que después de 1973 emplearon profusamente los dirigentes de los partidos de la Unidad Popular.

Tras unos sondeos previos de Mariano Fernández, quien era el hombre de la DC en Bonn, llegaron en septiembre de ese año a la República Federal de Alemania los actuales senadores de ese partido Andrés Zaldívar y Juan Hamilton. Su objetivo era convencer al jefe de los demócrata-cristianos alemanes (CDU) y entonces líder de la oposición, Helmut Kohl, para que escribiese una “carta abierta” dirigida al general Augusto Pinochet. La idea era que en ella condenase la “intromisión” del régimen sobre la DC en Chile.

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Jaime Castillo Velasco / Raíces PDC
Jaime Castillo Velasco / Raíces PDC

Kohl aceptó de inmediato y redactó un escrito condenando duramente ese hecho. Sin embargo, el partido aliado de la CDU, la Unión Social Cristiana (CSU) liderada por Franz Josef Strauss, quien había manifestado sus simpatías hacia el gobierno militar, se opuso terminantemente. El encargado de abortar la maniobra ideada por Zaldívar y Hamilton fue el Conde Hans Huyn, asesor personal de Strauss en temas internacionales. “Nosotros (la CSU) estábamos unidos formalmente a la DC chilena, pero los contactos no pasaron de ser formales. En Chile buscábamos a otros interlocutores que nos parecían más válidos”, explicó a Qué Pasa.

“Zaldívar era un hombre insignificante, pálido, poca cosa, y nos pareció nuestro deber impedir que esa carta llegara al general Augusto Pinochet. Era grosera en su forma, una vergüenza para nuestra coalición”, asegura.

Qué Pasa tuvo acceso a la misiva de puño y letra de Helmut Kohl, la cual estaba fachada el día 20 de septiembre de 1977, y llevaba por título “Carta abierta al general Augusto Pinochet”.

Dirigida al militar chileno, la carta partía por lamentar “las decisiones de su gobierno que se dirigen principalmente contra el Partido Demócrata Cristiano chileno”. Más adelante continuaba reclamando por el estado de los derechos humanos en Chile. “Estas medidas, así como la violación de los derechos humanos y de las libertades básicas, son un golpe duro para imagen de su país (...) y podrían arrastrar la fama (...) de la institución del ejército al fango”.

Debido al nuevo perfil que comenzaba a asumir la DC chilena, en el comité central del SED comenzaron a sonar las alarmas, ya que su proyecto de fortalecer un “Frente Antifascista” que fuera la base de un futuro gobierno de izquierda en Chile comenzaba a correr peligro.

En una carta a Erich Honnecker, Paul Markowski, jefe de la AIV del SED le explicaba: “La Democracia Cristiana se ha convertido en la mayor fuerza opositora en Chile. Esto pone a los partidos de la UP ante una nueva situación, ya que la DC se arrogará el derecho de liderar el proceso contra la Junta Militar. Recomiendo que, por razones tácticas, se busque con mayor fuerza una alianza con la DC, aunque resulta más importante que nunca la unidad PS-PC para contrarrestar el poder de la DC”.

En junio de 1977, la DC apuró sus contactos con el partido dirigido por Corvalán. Ese mes, Jaime Castillo se reunió secretamente con Luis Corvalán en Caracas. Según un documento de la embajada de RDA en La Habana, rotulado como “Confidencial”, la conversación resultó muy positiva para el secretario general del PC. Castillo le habría declarado que la DC consideraba al PC como un partido apto para llegar a un acuerdo de mayor trascendencia, ya que no se podía decir lo mismo de los socialistas, dominado por sus sectores “ultras”. Además, le deslizó una crítica al rol del ex presidente Frei, quien no sería el hombre ancla en la DC, ya que “no tiene una influencia decisiva en el partido”.

Pero en los sucesivos meses varios acontecimientos contribuyeron a enfriar las relaciones entre demócrata-cristianos y comunistas. En agosto de 1977, se había celebrado en Moscú el primer pleno realizado por el comité central de la PC con posterioridad al golpe de Estado. A la cita concurrieron todos sus pesos pesados, como Luis Corvalán, Volodia Teitelboim, Gladys Marin, Jorge Inzunza y Orlando Millas.

“No se espanten si a veces los criticamos en público, lo tenemos que hacer”, le había dicho Jaime Castillo a Volodia Teitelboim en Roma.  

Aunque en las 23 páginas de conclusiones que tuvo el documento final del encuentro se hizo un llamado a la unidad con “todas las fuerzas opositoras”, también quedó estampada una directriz ideológica que disgustó enormemente en las filas DC. “La dictadura del proletariado no sólo es un hecho histórico, sino también una necesidad del momento”. “No se espanten si a veces los criticamos en público, lo tenemos que hacer”, le había dicho Jaime Castillo a Volodia Teitelboim en Roma.  

En diciembre de 1978 hubo otra reunión decisiva, esta vez en La Haya, Holanda, a la que asistieron Clodomiro Almeyda –que encabezaba el sector “procomunista del PS”– y Jorge Inzunza. Por el lado de la DC, concurrieron Tomás Reyes y el entonces presidente de la Juventud DC Ricardo Hormazábal.

El 4 de julio de 1980, Jorge Inzunza y Rodrigo Rojas, que ahora eran los hombres de enlace en Berlín entre el PC y el SED, informaban a sus correligionarios alemanes que “los contactos con la DC están interrumpidos hace cuatro meses”.

No había sido la encarnizada defensa del PC a la ocupación soviética de Afganistán en septiembre de 1979 lo que los alejó de la DC. La crítica pública de esa colectividad a la invasión era sólo parte de la estrategia delineada por Jaime Castillo y de la cual los comunistas estaban perfectamente informados.

La ruptura se produjo el 3 de septiembre de 1980. Fue un discurso de Luis Corvalán emitido por Radio Moscú –cuyos programas también eran escuchados en Chile– lo que indignó a la DC. Ese día, el secretario general del PC habló acerca de la necesidad de aplicar el “derecho a la rebelión contra la tiranía”. En la práctica, ello implicaba usar todas las “formas de lucha”, incluyendo las violentas. Para la diligencia DC, eso había violado claramente los acuerdos de que el PC mantuviera un perfil bajo y de no interferir en la red opositora que estaba tejiendo la colectividad centrista.

Sin embargo, el PC prosiguió consecuentemente esta línea al punto de organizar un grupo armado –el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR)– para ejecutar su política.

De los documentos respecto a la política militar del PC que revisó Qué Pasa, se deduce que los comunistas, no obstante apostar por la vía armada, no desconocían el papel de la Democracia Cristiana.

Así, en un pleno del PC celebrado en Praga en enero de 1985, se discutió seriamente que había que prepararse para un levantamiento popular y el derrocamiento de Pinochet. “Que después gobierne la DC, no lo descartamos”, se afirmaba en las conclusiones del encuentro.

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