Desde hace menos de una década, nuestro país cuenta con un ministerio específico dedicado al impulso y la gestión de políticas de fomento científico, tecnológico y de innovación, sumándose así a la vasta mayoría de los países de la OCDE que, incluso en tiempos convulsos y de creciente desconfianza hacia el conocimiento, mantienen una cartera, departamento o institucionalidad de rango ministerial con responsabilidad explícita en ciencia, investigación, tecnología e innovación. Por desgracia, en el actual oficialismo hay quienes desean desmantelar la institucionalidad que tanto trabajo costó crear, por razones equivocadas y sin argumentos técnicos ni políticos razonables.